17.JUL26 | PostaPorteña 2563

A propósito del “Partido de la nueva clase obrera”

Por ASTARITA

 

El Partido de los Trabajadores Socialistas, PTS, (en Argentina) ha lanzado la consigna de formar un partido “de la nueva clase obrera”. Considero que es una de las peores consignas que puede haber lanzado una organización que se reclama marxista. A fin de explicar por qué, comienzo con la noción marxista de clase obrera.

            Rolando Astarita [Blog] 13/07/26

 

Clase obrera según Marx

Según Marx, el obrero se define como aquel que es propietario de su fuerza de trabajo y no es propietario de los medios de producción. O sea, lo decisivo es la relación del trabajador con los medios de producción, y su fuerza de trabajo. Lo dice en El capital: “la separación del trabajador libre con respecto a sus medios de producción es el punto de partida” (p. 43 t. 2, edición Siglo XXI).

Más precisamente, ya en el acto de compra de la fuerza de trabajo el capitalista se presenta “como poseedor de los medios de producción que constituyen las condiciones objetivas para que el poseedor de la fuerza de trabajo la gaste en forma productiva” (p. 37 ibídem). Esto es, los medios de producción se contraponen al poseedor de la fuerza de trabajo como propiedad ajena” (ibídem; énfasis nuestro).  Se establece, por lo tanto, una relación de clase: “… la relación de clase entre capitalista y asalariado ya existe, está presupuesta en el momento en que ambos se enfrentan en el acto D-FT (del lado del obrero FT-D) (ibídem). En esta relación no cuenta que el obrero tenga mucha o poca antigüedad como obrero asalariado; que esté registrado en la seguridad social, o no lo esté; que su trabajo sea, o no, precario; que el capitalista sea nativo o extranjero. La relación de clase engloba y subsume esas particularidades.  

El capitalista pues compra la fuerza de trabajo. La fuerza de trabajo, puesta en movimiento genera, el valor que repone el valor de la fuerza de trabajo y la plusvalía (plustrabajo) que se apropia gratis el capitalista. Se define pues una relación de explotación que, subrayamos una vez más, es independiente de si el trabajador es nuevo, o si tiene encima muchos años de obrero asalariado.

A su vez, en la medida en que la plusvalía se acumule, el capital compra más medios de producción y fuerza de trabajo; con lo que se produce más plusvalía que, al reinvertirse permite subsumir más fuerza de trabajo, que genera más plusvalía, etcétera. En otros términos, se reproducen, en escala ampliada no solo las condiciones materiales de la producción (medios de producción y de consumo) sino también la misma clase obrera (véase, caps. 21 y 22 t. 1 El capital). Esto ocurre al margen de que el obrero sea joven o esté cercano a la edad de jubilarse.

Dos cuestiones a resaltar: a) En la relación capitalista los trabajadores están sujetos a la autoridad del capital (que puede estar mediada por capataces y otros “mandos intermedios”). Los ritmos, modalidades y organización del proceso laboral tienden a ser establecidos por el capital, en relación de fuerza con la clase obrera (que puede estar organizada en sindicatos, delegados de empresa, militancia obrera, etcétera).

b) También forman parte de la clase obrera los trabajadores que son contratados por el capital para realizar tareas improductivas, pero esenciales para la realización y apropiación de la plusvalía. Un trabajador ocupado en el sector ventas, por caso, no crea valor (la metamorfosis mercancía – dinero no genera nuevo valor), pero su trabajo es necesario para la realización del valor y la plusvalía (véase aquí). Una vez más, que estos trabajadores sean nuevos o antiguos no altera la relación de explotación.

Explotación, unidad de la clase obrera

Lo desarrollado hasta aquí resalta la importancia de la unidad de la clase obrera. En su forma más abstracta, es la consigna con la que cierra El manifiesto comunista: “proletarios del mundo, uníos”. Su base material es la posición que tiene la clase obrera en la economía, o sea, en las relaciones de producción y cambio. Este aspecto fue subrayado por Marx en Trabajo asalariado y capital: dado que el obrero está obligado a vender su fuerza de trabajo -so pena de caer en la indigencia o morir de hambre- es propiedad de la clase capitalista en su conjunto: “… el obrero, cuya única fuente de ingresos es la venta de la fuerza de trabajo, no puede desprenderse de toda la clase de los compradores, es decir, de la clase de los capitalistas, sin renunciar a su existencia. No pertenece a tal o cual capitalista, sino a la clase capitalista en conjunto” (p. 28, Trabajo asalariado y capital, Buenos Aires, Polémica, 1972; énfasis nuestro).

 Todo confluye entonces en que “el capital es una relación social de producción. Es una relación burguesa de producción, una relación de producción de la sociedad burguesa” (p. 37, ibídem). También: “…el capital presupone el trabajo asalariado y este el capital. Ambos se condicionan y se engendran recíprocamente” (p. 40, ibídem). Significa que la clase obrera se define como tal por esta posición social. Es una posición objetiva del obrero. La conciencia, la cultura, las creencias religiosas, la ideología, no entran en la definición de la clase obrera. Aunque la posición del obrero en la economía pueda favorecer, o predisponer, a la toma de conciencia de su situación de explotado, la relación de producción no determina de manera directa o mecánica la conciencia de clase.

La cuestión de si la clase obrera es nueva o vieja tiene una importancia muy secundaria para el análisis de qué es clase obrera. Peor aún, si el foco del análisis es el grado de “novedad” de los trabajos, o de los trabajadores que los ejecutan, se ponen en segundo plano las nociones claves, como propiedad, o no propiedad, de los medios de producción; la venta de la fuerza de trabajo; la explotación y la plusvalía; la relación capitalista como relación de producción burguesa.

Interludio: Formas con que se diluye la noción marxista de clase obrera

A lo largo de la historia ha habido diversas formas por medio de las cuales se trató, y trata, de desplazar la centralidad de las relaciones burguesas de producción en la definición de la clase obrera. Enumeramos algunas de ellas:

Formas intermedias y nuevos sectores

El criterio por el cual definimos a la clase obrera no excluye las formas mixtas y complejas. Por ejemplo, el obrero que, además de cumplir un turno en una empresa (supongamos de 14 a 22 horas), posee y atiende, con su familia, un negocio propio (por ejemplo, de 8 a 12 horas). Otro caso, los obreros que están desempleados y realizan “changas” con medios de producción propios (escasos, de poco valor), para sobrevivir. Deberían considerarse parte del ejército de desocupados, y no como integrantes de la pequeña burguesía

Por otra parte, están los cambios en la composición de la clase obrera asociados al desarrollo capitalista. Es que a medida que se concentra el capital, y se extiende la producción de mercancías, aumenta la proletarización de nuevos sectores, en especial en la pequeña burguesía. Así, trabajos realizados por productores independientes pasan a ser ejecutados por trabajadores asalariados. Un ejemplo: hace 70 u 80 años, aproximadamente, era característico que un médico atendiera en su consultorio. Era un productor simple de mercancía (la mercancía en este caso era un servicio). Esto ha cambiado. Actualmente muchos médicos trabajan en hospitales o sanatorios privados; están subsumidos a los ritmos de producción impuestos por las patronales; y generan plusvalía (y he conocido casos de sobreexplotación y agotamiento de la fuerza de trabajo).  O sea, por su posición social objetiva, pertenecen a la clase obrera. Un vez más, en todo esto que los trabajadores sean nuevos o viejos tiene una importancia muy secundaria.

Una consigna divisionista

La consigna de moda del PTS es “por un Partido de la nueva clase obrera”. En esta redacción no hay inocencia ni descuido. No es que se olvidaron de los trabajadores “no nuevos”. El PTS tiene plena conciencia de lo que está haciendo: llama a organizar en su curioso partido solo a una parte de la clase obrera, la “nueva”. Para semejante propósito, la concepción de clase obrera derivada de las nociones de plusvalía, fuerza de trabajo, relaciones de producción burguesas, etcétera, es un estorbo. Por eso, en el planteo petesiano “la nueva clase obrera” está en el aire, desprovista de raíz objetiva. Aparece de la nada, sin haber arreglado cuentas con la noción de "la vieja clase obrera". Se trata, en el fondo, de desprenderse del molesto -a los ojos del oportunista- peso de la teoría marxista. De ahí también la exaltación de lo nuevo simplemente porque es nuevo, y no necesitaría por ello de la ciencia crítica para sostenerse discursivamente. Es lo que en mi generación se llamaba tilinguería intelectual, y al extremo. Aunque siempre adecuada para el despliegue de un electoralismo desenfrenado, que tiene poco o nada que ver con una crítica revolucionaria. Finalmente, la pregunta es ¿Qué queda de la independencia de clase después de algo así?  


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