Timothy Pitt-Payne agosto 2, 2026- Jennifer Bilek / Jennifer’s Newsletter
Max More, una figura destacada del movimiento, ha dicho que el término se refiere a: Filosofías de vida… que buscan la continuación y la aceleración de la evolución de la vida inteligente más allá de su forma y limitaciones humanas actuales, mediante la ciencia y la tecnología, guiadas por principios y valores que promueven la vida.
Los transhumanistas desean que la humanidad tome el control consciente de su propia evolución. Por ejemplo, buscan superar o eliminar el envejecimiento, posponer o abolir la muerte y potenciar radicalmente las capacidades físicas y cognitivas humanas. Consideran al homo sapiens como una etapa intermedia en el camino hacia una nueva especie, que tal vez implique una fusión entre la inteligencia biológica y la inteligencia artificial.
Quiero reflexionar sobre un aspecto de este movimiento: las cuestiones intergeneracionales que suscita y los consiguientes dilemas éticos. Para ello, me baso en dos autores con perspectivas totalmente diferentes: C.S. Lewis y Martine Rothblatt
C.S. Lewis escribió sobre el transhumanismo en la década de 1940, mucho antes de que se acuñara el término. Lo previó y se opuso con vehemencia. Este es un tema central en “That Hideous Strength”«Esa fuerza espantosa» (1945), el último volumen de su trilogía de ciencia ficción. La declaración más clara y contundente de su postura se encuentra en el tercer capítulo de «La abolición del hombre», una breve obra de no ficción publicada en 1943.
Lewis previó que los avances tecnológicos podrían permitir que una generación moldeara deliberadamente las mentes, los cuerpos y las disposiciones de sus sucesores. Se refirió a la eugenesia, el condicionamiento prenatal y la psicología aplicada. Se preguntó si todo esto constituiría el triunfo de los humanos sobre la naturaleza. Respondió que no, por dos razones.
En primer lugar, pensaba que los humanos que se embarcaran en este proyecto carecerían de un marco moral objetivo y, por lo tanto, se guiarían únicamente por sus propios deseos subjetivos. Pero como esos deseos serían producto de las fuerzas naturales que actuaran en ese momento sobre estos ingenieros de almas humanas, el resultado de su trabajo bien podría describirse como el triunfo de la naturaleza sobre los humanos. En segundo lugar, señalaba la radical desigualdad entre generaciones sucesivas que tal proyecto implicaría. La relación entre generaciones ya no sería la de ancestros y sucesores, sino la de fabricantes y productos. Si una generación tiene el poder tecnológico efectivo para moldear a sus sucesores, entonces el triunfo de los humanos sobre la naturaleza significa el triunfo de un grupo (presente) de humanos sobre todos los demás grupos (futuros).
Martine Rothblatt es la antítesis de Lewis. Si lo que sigue parece extravagante, tenga en cuenta que Rothblatt es una figura importante e influyente: abogada, empresaria farmacéutica y una líder de opinión moderna que cuenta con una charla TED y un perfil en la revista Forbes como una de las 100 mentes empresariales más brillantes del mundo
El enfoque de Rothblatt sobre el transhumanismo se resume en un ensayo titulado «La mente es más profunda que la materia: transgénero, transhumanismo y la libertad de forma» (incluido en The Transhumanist Reader, una antología de 2013 editada por Max More y Natasha Vita-More). Rothblatt (quien tiene una identidad trans) comienza estableciendo un paralelismo explícito entre el transgénero y el transhumanismo. El transgénero afirma que la mente (y particularmente su identidad de género) tiene prioridad sobre la forma material del cuerpo y, por lo tanto, debería ser libre de remodelar esa forma como mejor le parezca. El transhumanismo va un paso más allá: prevé que la mente no solo puede modificar su forma biológica, sino escapar de ella por completo, abandonando un contenedor de carne por uno digital.
Para Rothblatt, una persona humana es principalmente mente más que materia, y la mente es esencialmente información que puede almacenarse de más de una forma. Por lo tanto, Rothblatt concibe los «archivos mentales» —que replican el contenido de una mente humana— que se cargarán y almacenarán en «software mental» «mindware», el cual podría estar ubicado dentro de «estructuras corporales» «bodywork» (robots anatómicamente realistas). Las personas digitales resultantes —o transhumanos— deberán, con el tiempo, ser reconocidas como portadoras de derechos legales y políticos, incluyendo el derecho al voto, a la propiedad y al matrimonio: esta postura podría resumirse como «los transhumanos son humanos». Rothblatt imagina a una joven que desea casarse con una persona digital y que se enfrenta a la oposición de sus padres, diciéndole a su padre: «Papá, el problema es que tú te ves, a ti mismo cómo una persona de carne y hueso y yo me veo como una persona».
Rothblatt reconoce que cabe debatir si las inteligencias computacionales, artificiales pueden alcanzar la consciencia y sugiere que la solución consiste en que los psicólogos las entrevisten y decidan si superan la prueba (una versión del conocido Test de Turing). En este punto, Rothblatt establece un paralelismo explícito con el control médico que precede a la cirugía de reasignación de género.
La relación sugerida entre el transgénero y el transhumanismo, así como la solución propuesta al problema de la conciencia, merecen un análisis exhaustivo. Sin embargo, para los fines que nos ocupan, lo que me interesa de la propuesta de Rothblatt en esta nota, es que se trata, explícitamente, de un proyecto de inmortalidad. Rothblatt prevé que, antes de morir, una persona podría transferir el contenido de su mente a una o más copias digitales, y que estas podrían ser reconocidas tras la muerte física como la misma persona que continúa en una forma diferente, de la misma manera que un adulto es la continuación de su yo infantil: Las leyes sobre la muerte pueden modificarse para establecer que una persona cuyas funciones cerebrales superiores sigan siendo realizadas por la tecnología de la información, de tal manera que exista una continuidad de identidad y conciencia que satisfaga a los psiquiatras, no se considere que esté legalmente muerta aunque su corazón haya dejado de latir.
La implicación clara es que la versión digital de la persona conservaría cualquier propiedad y estatus que tuviera la versión anterior, de carne y hueso, de esa misma persona.
En este punto, retomo la idea central de Lewis: que el aparente triunfo del ser humano sobre la naturaleza puede transformarse fácilmente en la tiranía de una generación sobre otra. Lewis temía que una generación se convirtiera en la creadora de sus sucesoras. En cambio, Rothblatt nos muestra un mundo en el que una generación podría ejercer un poder más directo, mediado por la tecnología y de duración indefinida.
El tipo de cuasiinmortalidad que Rothblatt imagina, si alguna vez llegara a hacerse realidad, resultaría particularmente atractiva para dos grupos (que se superponen): los ricos y los que tienen poder político. Los grandes imperios —incluidos los imperios comerciales o financieros— a menudo no sobreviven mucho tiempo a la muerte de sus fundadores. Esto modifica en parte la desigualdad extrema; la muerte sacude el caleidoscopio y ofrece la oportunidad de un reinicio. Pero si un multimillonario, o un dictador, pudiera usar medios digitales para evadir la muerte, ¿qué pasaría entonces?
Gengis Kan, fundador del Imperio mongol, murió en 1227. Para 1294 (con la muerte de su nieto Kublai Kan), su imperio se había fragmentado en cuatro kanatos rivales. Lo que siguió fue un largo período de desintegración y decadencia. Si la tecnología de Rothblatt hubiera estado disponible para Gengis Kan, ¿viviríamos ahora bajo un Imperio mongol unificado, como súbditos del continuo dominio digital de Gengis Kan? ¿Y si esa misma tecnología hubiera estado disponible tras la muerte de Stalin en 1953, o de Kim Il Sung en 1994? Imagínese un avatar digital con el poder de lanzar armas nucleares.
Una objeción obvia es que la tecnología que describe Rothblatt es pura fantasía: es imposible copiar digitalmente una mente humana y guardarla en un sistema informático de un ordenador. A lo sumo, se obtendría una especie de réplica digital de un ser humano real, un zombi sin autoconciencia.
Incluso si todo eso fuera cierto, no necesariamente nos salvaría. Una falsa inmortalidad digital podría tener consecuencias alarmantes en la vida real, si el avatar digital fuera capaz de ejercer un poder social o económico efectivo; y su capacidad para hacerlo dependería (en parte) de las creencias socialmente aceptadas sobre la importancia del avatar.
“Las personas de silicio son personas”, “las identidades digitales son válidas”: no es difícil imaginar que tales eslóganes se popularicen. Podrían llevarnos por caminos oscuros a lugares oscuros
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Este artículo apareció originalmente en el Substack de Timothy Pitt-Payne y se publica aquí con su autorización. Timothy Pitt-Payne es un abogado británico especializado en derecho mercantil, público y de la información, y publica en Substack la revista Technically Human.
Jennifer Bilek es una periodista de investigación que ha seguido la financiación de la industria del género durante más de una década. Es autora de The 11th Hour, una plataforma que destaca las conexiones entre tecnología, transexualismo y transhumanismo. Su investigación sobre los patrocinadores filantrópicos de la industria del género se ha utilizado en informes legales y se ha difundido en numerosas publicaciones, películas y otros medios en Estados Unidos e internacionalmente. Ha aparecido en The Megyn Kelly Show, War Room de Steven Bannon y Big Picture de James Patrick, así como en diversas plataformas y podcasts. Ha participado en películas como No Way Back (2023), Gender Transformation (2023) y The Gender Delusion (2023). Su trabajo se ha publicado en numerosos libros y revistas, entre ellos: First Things, Tablet, Human Events, The Spectator World, The Federalist, The American Mind y en la antología Female Erasure. Es autora de Transsexual Transgénero Transhumano: Crónicas desde la undécima hora ahora, también disponible en portugués.
https://jbilek.substack.com/p/digital-brains-in-silicon-vats?
Traducción posta