08.ABR.18 | postaporteñ@ 1895

PRISIÓN DE LULA ¿Democracia y presunción de inocencia es solo para los políticos y empresarios?

Por varios /posta

 

El “populista blanco” que ovacionó el Círculo Rojo

y admiró hasta Macri

Lula fue para el establishment un modelo en lo económico y político

Descolló en IDEA, en 2012, ante una avalancha de CEOS. El líder PRO destacó su visión del mundo y la obsesión por los superávit.

LEANDRO RENOU Letra P 7/04/18

 La memoria es corto plazo.

Pocos se acuerdan y muchos disimulan el entusiasmo, la admiración y el fanatismo que despertaba hace algunos años la figura del ex presidente de Brasil  entre l empresarios nacionales y los núcleos de la política. El país vecino vivía por entonces un boom de consideración pública mundial, y la economía brasileña lo ponía con un poder estratégico dentro del b de los BRICS.

Lo elogiaba incluso el propio Mauricio que, a pesar de la amistad con Fernando Henrique Cardoso, consideraba esencial la visión de Lula de un Brasil integrado al mundo. Una comprensión de un presidente más aperturista que los del resto del bloque regional de aquel entonces

También, el ahora mandatario explicaba la importancia de la obsesión de Lula por superávit gemelos. La  política, incluso la más conservadora, cobijó al modelo Lula como un contrapeso a una realidad que le resultaba poco tolerable: una especie de contrapeso, un populista bueno en una marea de presidentes según su visión, estaban más volcados a una izquierda más dura, tales los casos del boliviano; el venezolano Hugo Chávez y la líder nacional del último kirchnerismo,

Relacionado además el brasileño con una imagen de mayor claridad y pulcritud que algunos de los anteriores gobernantes

En el Círculo Rojo la comparación de Lula era con el primer Néstor Kirchner.

Un perfil más de centro, negociador con las elites, con menos carga ideológica simbólica. Un Gobierno que lejos estaba de contrastar con las corporaciones y que, como en Lula y Kirchner, se había nutrido algunas alianzas con sectores concentrados para generar gobernabilidad.

En el año 2012, Lula fue invitado por la organización del Coloquio de IDEA a exponer en el evento que se realiza todos los años en Mar del Plata. Antes de subir al estrado recibió saludos de casi todos los presentes, entre ellos, el rey de la soja Grobocopatel,  Miguel Blanco, el CEO de Swiss Medical. Lo mismo ocurrió con los industriales y referentes políticos con los ex gobernadores de Santa Fe, y de Córdoba, Hermes Binner, José Manuel De La Sota

Luego habló de la importancia de fomentar el consumo, de disponer de crédito; le pegó duro a los Esta Unidos, al FMI y a las políticas de Europa. Además, se refirió a temas espinosos para el empresariado. Pidió a los presentes que pensaran cómo era Venezuela antes de Chávez, y qué es lo que pasaba en Brasil “Ya no soportaba a los gobernantes colonizados que vivían pendientes de EE. UU. (Fernando Henrique Cardoso y (Carlos) Menem se disputaban quién era más amigo de (Bill) Clinton”, fue una de las frases categóricas de aquella ponencia.

De todos modos, se fue en medio de una ovación y le costó salir del Sheraton de Los Troncos por la marea humana, de traje y corbata, que lo paraba para hablarle, saludar pedirle cosas. La burguesía nacional, obsesionada con copiar algunos de los vicios positivos de la burguesía vecina, veía en Lula un molde a calcar de parte de un peronismo no K.

Naturalmente, calaba hondo en la consideración la crisis profunda que había entre los CEOS y CFK, justo en el año en el que Gobierno había decidido implementar el cepo cambiario y trabar el giro de utilidades al exterior. Lula representaba, para el establishment, algunas de las políticas que había ejercido el peronismo, pero con mensaje más claro, menos confrontativo. Y no querían más que eso.

Por carácter transitivo, lo mismo ocurrió con su heredera. Fue el eje con CFK de la conferencia industria anual de la UIA más importante en la historia. Fue recibida en Cardales por ciento empresarios que la elogiaban y que querían trabajar codo a codo con sus pares de Brasil. Hoy, con el ex presidente a punto de ir a prisión, son pocos los que le mantienen esa estima y ese símbolo de ejemplo

 

Texto sobre Lula de Enrique Rodríguez Larreta

 

uruguayo, ex integrante de grupos revolucionarios, muchos años de académico en Brasil y hoy director de estudios latinoamericanos de una universidad de Shanghái

Del muro de Alfredo Stella en Facebook

El autor de esta nota es Enrique Rodríguez Larreta, antropólogo social, ex militante tupamaro, estuvo secuestrado por la dictadura argentina en el marco del Plan Cóndor. Reside actualmente en Brasil, donde es director del Instituto de Pluralismo Cultural de la Universidad Cándido Méndes de Río de Janeiro.

"Hola Coco: te copio un texto que escribí para mi wechat, el Facebook chino, y que dio origen a unas entrevistas sobre la situación brasileña. El mejor lugar para informarse sobre todo el caso es en you tube. Todas las instancias están registradas por la TV Justicia. Puntos altos son la declaración de Palocci, el súper ministro de Economía del PT y de Emilio Odebrecht, el patriarca de la Empresa que reconoce la existencia de una cuenta corriente de 100 millones de dólares al servicio del PT a cambio de facilitar negocios con élites gubernamentales latinoamericanas y africanas.

El debate en el Supremo Tribunal Federal en donde se negó el habeas corpus de Lula dando luz verde al pedido de prisión, tuvo momentos altos en la fundamentación de voto de Luiz Roberto Barroso, un juez... de izquierda!

Y seguramente votante muchas veces de Lula. Lo conozco bien de muchos eventos en Río de Janeiro.

Hay algunas claves para entender el caso que en la prensa internacional y el comentario público sobre todo fuera de Brasil: 

1) El hecho de que Lula mida bien como candidato presidencial no tiene nada que ver con su condena judicial. Lo opuesto es verdad: Lula se proclamó candidato 2 años antes de las elecciones para presentarse como un perseguido no se sabe muy bien por quién.

2) El PT inventó esa narrativa que comienza en el “golpe” oligárquico contra Dilma y termina con el encarcelamiento de Lula como un discurso para la propia militancia y los sectores de izquierda aliados (que ya están tomando distancia presentando candidaturas propias).

Es un discurso profundamente cínico porque (...) muchos de sus cuadros que están viendo el fantasma del fin del PC Italiano y leyendo el libro de Lucio Colletti que empezó con Marx y terminó con Berlusconi;

3) Lula como otras decenas de procesados por Sergio Moro está respondiendo a delitos comprobados por la justicia. Fue condenado a 9 años y medio en primera instancia por Sergio Moro juez de la causa. Todo estudiante de liceo que no se durmió en el curso de introducción al derecho sabe que la policía investiga, el fiscal acusa y el juez juzga relacionando las pruebas con los delitos contemplados en el código penal. Esa primera instancia en Brasil tiene una segunda en la que cuatro jueces revisan la sentencia

En esa instancia la pena de Lula fue aumentada a 12 años y un mes. Las seis horas de lecturas de las sentencias de los cuatro jueces fueron transmitidas en vivo y están en youtube. Cerrando este capítulo el caso queda encerrado desde el punto de vista de la materialidad de las pruebas. Solo queda espacio para cuestiones de forma que los abogados pueden discutir en instancias superiores que en Brasil son dos, el Supremo Tribunal de Justicia y el Supremo Tribunal Federal.

A diferencia de lo que dice Lula en sus discursos demagógicos, lo que se estaba discutiendo en el Supremo no era su inocencia y mucho menos una revisión de su condena. Era su derecho a recurrir en libertad. Lula perdió 6 a 5 y de sus votos en contra 5 de ellos fueron dados por jueces elegidos por los gobiernos del PT.

4) Lula es ya un fantasma de sí mismo y su decadencia es total. Es muy triste en el caso uruguayo que un progresismo infantil y mal informado tenga tanto espacio en los medios. Los especialistas uruguayos en Brasil son Gerardo Caetano y Constanza Moreira! No hay más remedio que decir ¡Por Dios! Aunque cada día soy más ateo.”

 

CÁRCEL PARA TODOS

 

 Por una salida socialista en Brasil

El 12 de Julio de 2017, en el marco de la operación Lava Jato, Sergio Moro condenó a Lula a nueve años y medio de prisión por corrupción y lavado de dinero.

La constructora OAS le habría entregado un triplex en el balneario de Guarujá como soborno por haberla favorecido en contratos con Petrobras durante el período de su gobierno (2003-2010). Si bien la defensa del líder del Partido de los Trabajadores (PT) apeló el fallo, en enero de este año el tribunal de segunda instancia ratificó la sentencia y aumentó la pena. Frente a esta situación, Lula demandó un habeas corpus para conservar su libertad hasta que se agoten todas las instancias de apelación.

No obstante, por 6 votos contra 5, el Supremo Tribunal Federal finalmente decidió rechazar el pedido y, horas más tarde, Moro solicitó la orden de detención del líder del PT. Cabe aclarar que esta no era la única causa abierta contra Lula.

Además del caso mencionado, el ex presidente afronta al menos otros seis juicios ligados a la operación Lavo Jato, en los que se lo acusa de corrupción, lavado de activos y obstrucción de la Justicia.

Frente a este hecho, las centrales sindicales más importantes se han manifestado en favor de Lula, al igual que una parte de la izquierda. La Central Única de Trabajadores (CUT), que cuenta con el apoyo del Frente Brasil Popular y del Frente Pueblo Sin Miedo, convocó a los trabajadores a organizarse y movilizarse en contra de la condena contra el ex presidente. Una postura similar adoptaron Causa Operaria (PCO) y el Partido Socialismo e Liberdade (PSOL), que rechazaron el supuesto ataque de derecha contra Lula. Otras centrales sindicales, como Força Sindical, Unión General de Trabajadores (UGT), Central de Trabajadores y Trabajadoras de Brasil (CTB), Nueva Central y Central de Sindicatos Brasileños (CSB), comunicaron su solidaridad con el líder del PT, por considerar que la sentencia en su contra fue “arbitraria, injusta y antidemocrática”, aunque no llamaron a que la población se movilice.

Es decir, todo el arco político, desde el progresismo a la izquierda, se puso detrás de una de las fracciones burguesas.

Por su parte, la posición adoptada por las cámaras patronales ha sido diferente. La Federación de Industrias del Estado de São Paulo (FIESP), que se había mostrado favorable al proceso que desplazó a Dilma Rousseff, ha venido apoyando las medidas que se implementaron durante el gobierno de Michel Temer, como el congelamiento del gasto púbico, la reforma de las leyes laborales y la reforma política. Ahora bien, este apoyo está lejos de ser incondicional. El respaldo de la FIESP depende de la capacidad que tenga Temer para seguir avanzado con las medidas de ajuste

En este sentido, la entidad empresarial no dejó de manifestar su preocupación para que se apruebe la reforma del sistema previsional. Además, ha rechazado abiertamente aquellos aspectos en los que no está de acuerdo con el actual gobierno, como las altas tasas de interés o los aumentos de impuesto

La posición de la Confederación Nacional de Industria (CNI) es más o menos similar. Su principal interés es que se profundicen las medidas de ajuste, al margen del gobierno las impulse. Por último, la Confederação da Agricultura e Pecuária do Brasil (CNA), que también respalda las medidas de ajuste, se ha manifestado a favor de la condena contra Lula

La postura adoptada por el conjunto burguesía brasileña pone en evidencia que su principal preocupación es que se profundice el ajuste en contra de la clase obrera. En este sentido, intentan lidiar con un sistema político en descomposición. Por el momento, lo más importante para ellos son las reformas.

El personal político brasileño se encuentra frente a un callejón sin salida. En un escenario signado por el enorme cuestionamiento al régimen, la burguesía exige la profundización del ajuste y una solución a la crisis política. El problema es que si se libera a Lula, se abre la puerta para la salida de casi todos los corruptos ya encarcelados. Con lo cual, el Lava Jato queda liquidado y, con ello, toda la operación de contención de la ira popular. Pero si lo encarcela, pierde un candidato para polarizar.

Ahora bien, es falso que la victoria electoral del PT esté asegurada, como también es falso que la condena en su contra haya sido una proscripción política. Si bien Lula es el candidato con mayor intención de votos (alrededor del 30%) no menor es el rechazo de la población en su contra y, por lo tanto, no sobreviviría un balotaje.

Cualquier otro candidato que logre capitalizar el voto “anti-Lula”, podrá imponerse en las elecciones. La sentencia judicial, por lo tanto, es un capítulo más de la crisis política en curso, de la ruptura que se ha producido entre representantes y representados.

En este marco, sus adversarios políticos burgueses solo buscan evitar su candidatura para que los fallos judiciales no se vuelvan en su contra. Unos y otros no representan programas sustancialmente distintos, solo quieren esquivar la cárcel e impedir que las crisis se los lleve puestos.

Por otro lado, como ya hemos señalado, la burguesía brasileña demanda la profundización del ajuste. Es una tarea que lejos está de ser sencilla, no porque Dilma, Temer, Lula o Bolsonaro no estén dispuesto ponerla en marcha, sino por la gravedad de la crisis política. La salida de este atolladero dependerá, pues, de varios factores.

El principal, es la capacidad de la clase obrera para pasar al frente. De no ser así, tarde o temprano la burguesía encontrará una salida. En el último año las protestas han entrado en reflujo, lo cual permitió que Temer se mantenga en el poder.

A pesar de que durante esta semana volvieron a tener lugar algunas movilizaciones exigiendo la prisión de Lula, las luchas no han recobrado la magnitud que tuvieron previamente.

Frente a este panorama, la izquierda revolucionaria debe intervenir de forma independiente en la crisis y debe exigir la cárcel para todos. No hay que desestimar la fuerza de la clase obrera brasileña, que ha protagonizado enormes protestas en contra de corruptos que la estafan y que atacan sus condiciones de vida. Es totalmente legítimo que los trabajadores demanden a sus representantes que rindan cuentas y que sean castigados por sus delitos. Y si una parte del personal político burgués busca capitalizar el descontento – lo cual no le quita legitimidad a los reclamos- es preciso evitar estas maniobras.

Cabe aclara que es falso que el PT constituya un mal menor frente a Temer y a la supuesta “derecha golpista”.

Todos ellos compartes dos condiciones, son ladrones y ajustadores. Presidentes, ministros, gobernadores, diputados y senadores de todos los partidos han sido partícipes de una gigantesca estafa contra los trabajadores. Lula, como hemos visto, enfrenta diversas acusaciones. No por haber encabezado algún tipo de lucha, sino por haber estado involucrado directamente en casos de corrupción, lavado de activos, etc. Renan Calheiro (PMDB) y Rodrigo Maia (DEM), presidentes del Senado y de Diputados respectivamente, han sido acusados de corrupción pasiva y de recibir sobornos, aunque se encuentran en posición de privilegio por el cargo que ocupan. Temer (PMDB) y Aécio Neves (PSDB) también han sido acusados de recibir sobornos, como lo probaron los registros que demuestran que recibieron dinero de parte del frigorífico JBS.

Estos casos, junto a muchos otros, ponen en evidencia que el conjunto de los partidos burgueses es partícipe de los esquemas de corrupción. Por otra parte, todos están de acuerdo en satisfacer las demandas de la burguesía y atacar las condiciones de vida de la población. Ello ha quedado demostrado con el brutal ajuste que impuso Dilma durante su gobierno y por el apoyo parlamentario que recibió Temer a la hora de imponer reformas.

En este contexto, el juez federal Sergio Moro, uno de los principales responsables del desarrollo de la Operación Lava Jato, se perfila como un posible líder político, como el representante de una salida bonapartista frente de la crisis. En efecto, en las masivas movilizaciones en contra de la corrupción se ha observado un importante apoyo al juez, a la vez que la prensa lo presenta como una suerte de héroe nacional. Si los revolucionarios no intervenimos en forma independiente, tendremos otro Evo, Chávez o Kirchner en puerta.

Esta es la vía que hay que evitar. Las innumerables condenas de Moro pudieron haber acelerado el curso de la crisis política, pero de ninguna manera él puede liderar una salida obrera de la misma. La izquierda revolucionaria debe delimitarse de todo el personal político burgués – incluido Moro-, exigir cárcel para todos e intervenir de forma independiente, llamando a un Congreso Nacional de Trabajadores que vote un plan de lucha frente a la crisis. No hay tiempo que perder.

Por el juicio y castigo a todo el personal político dirigente

Por la apertura de los archivos de las causas

Por un Congreso de Nacional de Trabajadores

Razón y Revolución 7/04/18

Fabián Harari dialogó con La Desventura del Hombre acerca de la crisis política en Brasil y la sentencia contra Lula. Explicó los lazos que unen al conjunto del personal político burgués en...


Fabián Harari sobre la sentencia contra Lula y la crisis política en Brasil
  

 

Sobre los procesos y la detención de Lula

Corriente Socialista de los Trabajadores (Tendencia fundadora del PSOL)

 

1- El STF negó a Habeas Corpus al ex presidente Lula el día 04/05. Hoy el juez Sergio Moro decretó la detención del ex presidente Lula y determinó que se presente hasta el final de la tarde del viernes en Curitiba. A diferencia de lo que dicen el PT, PCdoB y los lulistas no estamos en un “estado de excepción”, “golpe de la derecha” u ofensiva fascista. Lula fue condenado por corrupción, dentro de las instituciones de la democracia burguesa que tanto defendió. Perdió la votación en el STF cuya composición es de mayoría de jueces puestos por sus gobiernos “democráticos y populares”.

2- En los últimos años, en las palabras del propio Lula, el PT llegó a un “punto muerto”. Y eso ocurrió al gobernar con los mismos esquemas corruptos de Sarney, Femando Henrique Cardoso, de Collor y el PSDB, al servicio de los banqueros, industriales y el agronegocio.

Al aliarse estratégicamente al PMDB, PR, PP, oligarquías como la de Renán y otras siglas de la derecha conservadora, el PT se atascó en el pantano de la corrupción. En el congreso nacional apostó en el mostrador de negocios de los picaretas, gestando el mensalão (escándalo de corrupción por el pago mensual de comisiones a diputados) para aprobar medidas contra los trabajadores, como por ejemplo de la reforma de la previsión (jubilación)

Por medio de la “gobernabilidad fisiológica”, favoreció a contratistas y amplió esquemas ilícitos que ya existían desde la dictadura militar y los gobiernos Collor y FHC, lo que es evidente en Petrobras

En las elecciones se embarcó en la financiación empresarial de campañas electorales, la mayoría millonarias. Así, el PT cambió de lado y varios de sus dirigentes se enriquecieron a través de la corrupción, lo que antes sólo ocurría con la vieja derecha (en los años 1990 el PT se decía el partido de la “ética en la política”)

Recientemente varios dirigentes del PT fueron juzgados y condenados, por dirigir esquemas de corrupción. La quiebra del PT es tal, que Lula defendió a Temer y éste le retribuyó el gesto defendiendo a Lula, en una mutua protección contra las denuncias de corrupción que afectan a ambos

Lula defendió además a Delfín Neto (ex ministro de la dictadura) y Sergio Cabral (ex gobernador de Río con quien el PT gobernó). Por eso entendemos como un error que sectores de la izquierda, como el PSOL y el MTST, con el pretexto de “defender la democracia”, participen en actos político-electorales en defensa de Lula. Actos a  los que nosotros ni convocamos ni compareceremos.

3- Combatimos el carácter selectivo de la operación Lava Jato y del juez Sergio Moro, pues Michel Temer sigue gobernando el país, Aécio, Juca y los amigos / comparsas del presidente continúan libres, y sus ministros mafiosos impunes. Selectividad que alivia al grupo de Maluf, Gerdau, Picciani, etc. Repudiamos que el STF quiera derogar la prisión en sentencias de segunda instancia, para liberar a los políticos y empresarios corruptos, camuflando esa estrategia utilizando la dramática situación de los jóvenes negros y pobres que están encerrados en las mazmorras brasileñas. Estamos en contra de que empresas y empresarios mafiosos se beneficien con una lentitud en determinar las penas y acuerdos que disminuyen sus condenas.

4 – Denunciamos la hipocresía de Bolsonaro, del MBL, del Vem Pra Rúa, del general del ejército, de Dória y del diario “Estadão”. Este sector patronal no tiene moral para hablar nada, ya que la raíz de la corrupción son los negocios capitalistas que ellos defienden. Apoyan al gobierno corrupto de Temer, blindan la corrupción del PSDB, defienden las mafias como la de Aécio Neves. Repudiamos que los militares hablen de “defensa de la constitución” e “impunidad”, cuando después del golpe de estado de 1964 y la dictadura ninguno de los militares corruptos o torturadores fueron responsabilizados por sus crímenes, garantizando su impunidad con la ley de la amnistía.

5- Sólo habrá justicia con el castigo de todos los corruptos, políticos y empresarios, sean ellos del PMDB, PSDB, DEM, PP o PT. Esto no ocurrirá con los actuales gobernantes, parlamentarios o jueces. Sólo ocurrirá si millones vuelven a las calles, como en junio de 2013 o en la huelga general de 2017, exigiendo prisión y confiscación de bienes de los políticos y empresarios corruptos, la estatización de las empresas involucradas en esquemas mafiosos.

Si existe movilización efectiva por él Fuera Temer y todos los corruptos. Una lucha que debe combinarse con la movilización por mejores salarios, condiciones de trabajo, educación, salud, el apoyo a las huelgas, a las campañas salariales.

Necesitamos retomar la lucha unificada en las calles por Marielle y Anderson, para exigir investigación profunda, juicio y condena de los asesinos. Entendemos que ese debería ser el papel de los partidos de izquierda, como el PSOL, de los sindicatos y centrales sindicales, del movimiento estudiantil y popular.

04.05.18

DISPAREN CONTRA LULA

 

El caso brasileño muestra que la lucha contra la corrupción puede convivir con el debilitamiento republicano y democrático. Las denuncias reales conviven con un clima de venganza social y avances desigualitarios que arma un escenario de deterioro generalizado. Al mismo tiempo, lo ocurrido en Brasil –sumado al caso argentino– obliga a las izquierdas a tomar en serio la discusión sobre los vínculos entre ética y política.

Pablo Stefanoni Abril 2018 Nueva Sociedad- NUSO

En una decisión esperada, el Supremo Tribunal Federal de Brasil rechazó el pedido de hábeas corpus interpuesto por los abogados de Luiz Inácio Lula da Silva tras haber sido condenado por dos instancias judiciales primero a 9 y luego a 12 años de prisión. El delito que se le atribuye es haber recibido indebidamente un tríplex en la playa por parte de OAS a cambio de ventajas para la empresa constructora. Con 5 jueces a favor y cinco en contra, le tocó a la presidenta del tribunal desempatar y lo hizo en contra de Lula.

En las largas horas de debates televisados –una particularidad de la corte brasileña– se mezclaron diversos tipos de argumentaciones jurídicas, históricas y políticas y predominó la decisión de mantener la jurisprudencia de 2006. El carácter público de la reunión obligó a los jueces a argumentar en favor y en contra del recurso de Lula. Presunción de inocencia e impunidad fueron polos dentro de los cuales debía decidirse si Lula debe ingresar a prisión de manera más o menos inminente.

No obstante, como quedó reflejado en las propias intervenciones, la decisión del tribunal operó en un ambiente crispado, plagado de presiones, y en el marco de un peligroso desplazamiento de la política brasileña hacia la injerencia pública y descarada de los militares. El propio jefe del Ejército, general Eduardo Villas Bôas, declaró desde Twitter, con intenciones poco veladas, que la institución «repudia la impunidad y respeta la Constitución, la paz social y la democracia». Un mensaje claramente intimidatorio. «¡¡¡Estamos juntos en las trincheras!!! ¡¡¡Pensamos igual!!! ¡¡¡Brasil por encima de todo!!!», se sumó con entusiasmo el general Antonio Miotto. Y otro habló de espadas y caballos preparados para el combate.

Con Lula a la cabeza de todas las encuestas con alrededor de 37% de las intenciones de voto, el juzgamiento del ex-presidente hace tiempo que es percibido por sus seguidores como un intento certero de proscripción. Y aún más: como una venganza de las elites contra el presidente obrero nacido en el Nordeste pobre de Brasil y más tarde sindicalista combativo en el ABC paulista, que sacó a millones de compatriotas de la pobreza y les abrió camino a un ascenso social material y simbólico.

Así, la foto de Lula detenido bajo la dictadura tomó un nuevo cuerpo como prueba de la persecución permanente contra él. Y en la región la mayor parte de la izquierda inscribe todo este proceso judicial en la lucha entre el pueblo y las oligarquías.

En verdad, es difícil sostener esa imagen a secas. Lula y el Partido de los Trabajadores (PT) establecieron, desde el Planalto, diversos tipos de relaciones, no siempre claras, con el empresariado brasileño, y sus políticas contribuyeron a la expansión de varias «translatinas», como la hoy cuestionada Odebrecht, además de frigoríficos como JBS.

También el PT quedó enredado en sus acuerdos con la vieja política, que no pudo reformar. La actual situación judicial de Lula no puede ocultar la historia de estos años –los esfuerzos «neodesarrollistas» de un hiperpragmático PT y sus vínculos con la burguesía brasileña–, y por eso no resulta tan fácil construir el entronque del Lula actual con el líder obrero de antaño, como ocurrió con Dilma Rousseff, quien en medio de su destitución ya no era la tecnócrata posizquierdista que entregaba el Ministerio de Economía a los neoliberales sino la guerrillera de lentes gruesos fichada por la dictadura.

Pero si este Lula reconstruido por parte de la izquierda y por él mismo resulta poco realista, y en efecto el PT fue atravesado por diversos escándalos de corrupción, no es menos cierto que el antilulismo constituye el vector para poderosas fuerzas desigualitarias y reaccionarias que marcan la historia brasileña y están muy activas en la actualidad. Es notable que la muy moderada experiencia petista sea hoy leída como «comunista» o como «dictadura sindical» en el marco de un antiplebeyismo a flor de piel, sumado al racismo y el clasismo de gran parte de las elites brasileñas. En verdad, el Lava Jato hizo caer a varias figuras otrora poderosas, como el propio Eduardo Cunha –artífice del golpe parlamentario contra Rousseff– o el empresario Marcelo Odebrecht, y no puede reducirse a una guerra anti-PT. Pero no es menos cierto que la venganza de clase está latente en los imaginarios creados alrededor de la lucha contra el lulismo como fenómeno político-social.

El caso brasileño muestra que la lucha contra la corrupción puede ir acompañada por un fuerte deterioro democrático e institucional. El asesinato de la concejala Marielle Franco; la corrupción descarada, que va desde el presidente Michel Temer hasta la mayor parte de los diputados, pasando por gobernadores y funcionarios de todo tipo y nivel; la ampliación de los grados de libertad para defender públicamente a la dictadura militar y la transformación de la delación premiada en una especie de mercado persa en el que se regatea información por beneficios en las condenas de manera poco transparente vienen encendiendo varias luces de alerta sobre la desdemocratización del país

El segundo en las encuestas para las elecciones de octubre, Jair Bolsonaro, es la expresión de esa degradación. Ex-militar y con un discurso anticorrupción y anti élite, Bolsonaro expresa a la extrema derecha y su discurso está permanentemente condimentado con exabruptos homófobos, racistas y misóginos.

Así, dijo que un error de la dictadura fue torturar en lugar de matar y que si tuviera un hijo gay prefería que muriera en un accidente antes de que se apareciera con otro hombre. También le dijo a una diputada que era muy fea para ser violada, entre otras expresiones del diputado que tiene alrededor de 18% en las encuestas.

Frente a este tipo de escenarios, parte de la izquierda nacional-popular –especialmente en Argentina– usa el término «honestismo» (que en verdad fue creado por Martín Caparrós en Argentinismos para referirse a la forma superficial en que se criticaba al menemismo sin poner en cuestión el modelo económico-social). Con este término se hace mención a los discursos anticorrupción que, por su veta antipolítica, terminan encumbrando a empresarios o poderosos que, a la postre, acaban por defender a los ricos y no mejoran ni la república ni la decencia pública (como el propio Temer o Mauricio Macri)

En Italia, ese «justicialismo» del Mani Pulite terminó por destruir a los partidos tradicionales, que convivían con la mafia, y llevó a la primera magistratura a… Silvio Berlusconi. Hay, sin duda, un núcleo de verdad en la crítica a una versión despolitizada de la lucha anticorrupción, que incluye ingenuas visiones de que sin corrupción habría más desarrollo o de que «los pobres vivirían mejor»

Es claro que hay desarrollo cuando hay políticas de desarrollo, que algunos países se desarrollaron con corrupción (Corea del Sur) y que «dejar de robar» no construye mágicamente cloacas para los suburbios populares latinoamericanos. Pero no es menos cierto que la izquierda antihonestista (no Caparrós) suele sobre expandir estos núcleos de verdad hasta renunciar a construir una nueva ética pública, despreciando a menudo –al punto de no poder ver– las demandas sociales genuinas contra la corrupción en la política. El caso más emblemático al respecto es el del kirchnerismo en Argentina, que terminó casi neutralizado por una forma de financiamiento de la política (y no solo de la política) muy fácil de judicializar tras perder el poder.

Por otro lado, no es cierto que la lucha contra la corrupción siempre sea «de derecha». No lo fue en la Argentina de los 90 contra el menemismo, no lo fue más recientemente en Guatemala contra el ultraderechista Otto Pérez Molina y no lo es hoy en México, donde Andrés Manuel López Obrador usa buenas dosis de «honestismo» en una campaña que puede llevarlo a la Presidencia de la República. Y algo parecido ocurre con el discurso republicano: parece un obstáculo para realizar cambios progresistas desde el poder pero resulta fundamental para mantener ciertas conquistas –sociales y democráticas– cuando se lo pierde y es ocupado por fuerzas conservadoras.

«Si me encarcelan me convierto en héroe, si me matan me convierto en mártir y si me dejan libre me vuelvo presidente», dijo Lula en sus caravanas por Brasil para recuperar la mística política. El escenario político brasileño se vuelve ahora más incierto. Resta por ver qué estrategias despliega el PT más allá de insistir con la candidatura de Lula para mostrarlo proscripto, si el extremista Bolsonaro puede crecer y si emergen presidenciables moderados que aprovechen la vacancia de Lula. Y, no menos importante, qué quedará de la potencia de Lula en la cárcel, si es que como se espera es detenido y sus abogados no logran liberarlo rápidamente.


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