Jonathan Cook
Ahed Tamimi, de dieciséis años, puede no ser lo que los israelíes tenían en mente cuando, durante muchos años, criticaron a los palestinos por no producir un Mahatma Gandhi o Nelson Mandela.
Finalmente, los pueblos colonizados ponen de relieve una figura que se adapta mejor a los valores que se pudrieron en el corazón de la sociedad que los oprime. Ahed está bien calificada para la tarea.
La semana pasada fue acusada de asalto e incitación luego de abofetear a dos soldados israelíes fuertemente armados que se negaron a abandonar el patio de su casa familiar en la aldea de Nabi Saleh, en Cisjordania, cerca de Ramallah. Su madre, Nariman, está detenida por filmar el incidente. El video rápidamente se volvió viral.
Ahed arremetió poco después de que los soldados le dispararon a su primo de 15 años en la cara, hiriéndolo gravemente
Los comentaristas occidentales han negado a Ahed el tipo de apoyo entusiasta que dan a los manifestantes de la democracia en lugares como China e Irán. Sin embargo, esta colegiala palestina, que posiblemente enfrenta una larga pena de cárcel por desafiar a sus opresores, se ha convertido rápidamente en un ícono de las redes sociales.
Mientras que Ahed podría haber sido hasta ahora desconocida para la mayoría de los israelíes, es una cara familiar para los activistas palestinos todo el mundo.
Durante años, ella y otros habitantes del pueblo han mantenido un enfrentamiento semanal con el ejército israelí que impone el dominio de los colonos judíos sobre Nabi Saleh. Estos colonos tomaron por la fuerza las tierras del pueblo y de una fuente vital de agua para una comunidad que depende de la agricultura.
Destacable por su cabello rubio rebelde y sus penetrantes ojos azules, Ahed ha sido filmada regularmente desde que era una niña pequeña que se enfrentaba a soldados que sobresalían sobre ella. Esas escenas inspiraron a un veterano activista por la paz israelí a ungirla "Juana de Arco de Palestina".
También unos pocos israelíes están enamorados de ella. No solo desafía los estereotipos israelíes de lo que es un palestino, sino que ha dado un golpe contra el autoengaño de una cultura altamente militarizada y masculina.
También ha dado una forma preocupante a los niños palestinos, hasta ahora anónimos, a los que Israel acusa de arrojar piedras.
Pueblos palestinos como Nabi Saleh son regularmente invadidos por soldados. Los niños son arrastrados de sus camas en medio de la noche, como le sucedió a Ahed durante su arresto el mes pasado en represalia por sus bofetadas. Los grupos de derechos humanos documentan cómo los niños son golpeados y torturados de forma rutinaria durante su detención.
Muchos cientos pasan por las cárceles israelíes cada año acusado?de arrojar piedras.Con tasas de condenas en los tribunales militares israelíes de más del 99 por ciento, la condena y el encarcelamiento de estos niños es un resultado inevitable.
Los que van presos pueden ser los afortunados. En los últimos 16 años, el ejército de Israel ha matado a un promedio de 11 niños por mes.
El video de Ahed, proyectado repetidamente en la televisión israelí, ha amenazado con cuestionar la autoimagen de Israel como David peleando contra un Goliat árabe. Esto explica la indignación que se ha apoderado de Israel desde que se emitió el video.
Previsiblemente, los políticos israelíes se indignaron. Naftali Bennett, la ministra de educación, pidió a Ahed que "ponga fin a su vida en la cárcel". La ministra de Cultura, Miri Regev, una ex portavoz del ejército, dijo que se sentía personalmente "humillada" y "aplastada" por Ahed.
Pero lo más preocupante es un debate mediático que ha caracterizado a los soldados por no haber matado a Ahed en respuesta a sus bofetadas como una "vergüenza nacional".
El venerable presentador de televisión Yaron London expresó su asombro de que los soldados "se abstuvieran de usar sus armas" contra ella, preguntándose si "vacilaron por cobardía"
Pero mucho más siniestras fueron las amenazas de Ben Caspit, un destacado analista israelí. En una columna en hebreo, dijo que las acciones de Ahed hicieron que "la sangre de todo israelí hierva". Propuso someterla a la violación "en la oscuridad, sin testigos y cámaras"
Esa fantasía, de violar a sangre fría a un niño encarcelado, debería haber enfermado a todos los israelíes. Y, sin embargo, Caspit todavía está a salvo en su trabajo.
Pero además de exponer la enfermedad de una sociedad adicta a deshumanizar y oprimir a los palestinos, incluidos los niños, el caso de Ahed plantea la inquietante cuestión de qué tipo de resistencia consideran los israelíes que los palestinos están permitidos.
El derecho internacional, al menos, es claro. Las Naciones Unidas han declarado que las personas que sufren una ocupación pueden usar"todos los medios disponibles", incluida la lucha armada, para liberarse.
Pero Ahed, los aldeanos de Nabi Saleh y muchos palestinos como ellos han preferido adoptar una estrategia diferente: una desobediencia civil combativa y militante. Su resistencia desafía la suposición del ocupante de que tiene derecho a dominar a los palestinos
Su enfoque contrasta fuertemente con los compromisos constantes y la llamada "cooperación de seguridad" aceptada por la Autoridad Palestina de Mahmoud Abbas
Según el comentarista israelí Gideon Levy, el caso de Ahed demuestra que los israelíes les niegan a los palestinos el derecho no solo a usar cohetes, armas de fuego, cuchillos o piedras, sino incluso a lo que burlonamente se llama un "levantamiento de abofeteos"
Ahed y Nabi Saleh han demostrado que la resistencia de un pueblo desarmado, una incomodidad para Israel y el mundo, no puede permitirse ser pasiva o educada. Debe ser intrépido, antagonista y disruptivo.
Sobre todo, debe sostener mostrar espejo al opresor. Ahed ha expuesto al matón armado que acecha en el alma de demasiados israelíes.
Esa es una lección digna de Gandhi o Mandela
https://www.counterpunch.org/2018/01/10/ahed-tamimi-offers-israelis-a-lesson-worthy-of-gandhi/
Fuente original: National, Abu Dhabi.
Jonathan Cook ganó el Premio Especial Martha Gellhorn de Periodismo.Sus últimos libros son " Israel y el Choque de civilizaciones: Iraq, Irán y el Plan para Remakear el Medio Oriente" y "La desaparición de Palestina: los experimentos de Israel en la desesperación humana ". Su sitio web es http://www.jonathan-cook.net/
Enviado por Fernando Moyano
Libertad para Ahed Tamimi - mural colectivo
RESISTIR PARA EXISTIR
Montevideo : Los invitamos a participar de la construcción de un mural colectivo donde plasmar nuestra solidaridad, este viernes 19 de enero, a partir de las 18 horas, en la plazoleta ubicada en Hocquart y Av. De las Leyes.
La tragedia del pueblo palestino tiene su aspecto más dramático en la infancia palestina. La historia de los niños palestinos, no solo es trágica en el contexto de la violencia israelí, sino también es ignorada, deliberadamente marginada, e intencionalmente suprimida en los grandes medios y en el discurso político occidental.
Organismos internacionales, calculan que desde 1967 han sido detenidos más de 30 mil niños y adolescentes en Palestina. El Comité para los Derechos de la Infancia de Naciones Unidas ha denunciado que Israel maltrata sistemáticamente a los niños palestinos, a quienes tortura y degrada, además de emplearlos como escudos humanos y convertirlos en objetivos de sus acciones bélicas. El Ejército israelí hace uso de los niños con total impunidad para entrar en edificios “peligrosos” y llega a poner a los menores delante de vehículos militares para disuadir a otros palestinos de lanzar piedras.
Solamente ir a la escuela, implica una verdadera odisea para los niños, que no siempre termina con el retorno a casa, ya que muchísimas veces son detenidos (secuestrados) en el camino. Dentro de la situación de los niños en “libertad”, es un capítulo aparte los que viven dentro de la bloqueada Gaza, donde la escasez de alimentos, medicamentos, combustible, materiales de construcción y la imposibilidad de salir aumenta potencialmente los riesgos de muerte.
Si se le agrega a esto, las frecuentes (al día de hoy, son prácticamente diarias) incursiones aéreas de Israel donde bombardea algunas zonas, la expectativa de vida de los niños es muy escasa. Si la realidad de los menores palestinos es grave, la de los niños que están en las cárceles israelíes es gravísima. Los informes de organismos de DDHH tanto palestinos como de la comunidad internacional, señala que los menores tras ser arrestados, son interrogados y sometidos sistemáticamente a torturas y tratos degradantes. En los interrogatorios, la mayoría de las veces no hay adultos cercanos al niño o representación legal de éste. Son interrogados en hebreo, idioma que no comprenden, y obligados a firmar declaraciones en ese idioma. Cuando la detención de un menor se da en el domicilio, por lo general es en horas nocturnas, donde el niño está durmiendo y es sacado de su cama, descalzo, esposado, con ojos vendados, en medio de operativos con muchísima violencia, rotura de objetos, golpiza a miembros de la familia… todo lo que pueda generar terror. En esas condiciones es aislado y conducido a un lugar desconocido.
El informe de las organizaciones de DDHH palestinas para el 2017, concluye que en el correr del año fueron arrestados 1467 niños, de los cuales alrededor de 800 fueron detenidos solamente en Jerusalén. A partir de la declaración Trump en diciembre, por la cual reconoce a Jerusalén como capital de Israel, la detención de niños aumentó, siendo 148 los menores arrestados y 345 los que resultaron heridos entre el 5 y 19 de diciembre.
Desde el 19 de diciembre, Ahed Tamimi está encarcelada. Ahed es una adolescente palestina de 16 años quien hoy es la cara visible de la juventud palestina en resistencia. Vive en el pueblo Nabi Saleh, en Cisjordania, que ha estado enfrentando a la ocupación desde hace años. Nabi Saleh es un pueblo en resistencia, y Ahed una digna hija de ese pueblo. La madrugada del 19 de diciembre, pasadas las 4 AM, su casa fue invadida por un fuerte operativo en el cual secuestraron a Ahed, robando a la vez todos los aparatos de comunicación (teléfonos celulares, computadoras, cámaras filmadoras y grabadoras. La familia de Ahed, militantes todos, registran todas las movilizaciones y la represión del ejército de ocupación para luego difundir por internet). La detención se da luego de un enfrentamiento con los soldados dentro del jardín de su casa, de donde Ahed los expulsa a cachetadas y patadas. Situación que no fue reprimida por los soldados, ya que estaban siendo filmados, pero se consideró como una enorme humillación para el ejército ocupante cuando el video de los cachetazos se hizo viral.
El 1° de enero 2018, el tribunal militar israelí imputó a Ahed de 12 cargos en su contra, a la vez que también lo hacen con su madre y prima, detenidas horas más tarde que Ahed (Nour, su prima, actualmente fue liberada). El próximo lunes 8 de enero, Ahed será nuevamente conducida ante el tribunal militar, donde se espera que dicten condena. En las entrevistas con el tribunal, Ahed permanece en silencio, ya que no reconoce la competencia de los tribunales de la ocupación.
Ahed es la cara visible de los niños y jóvenes palestinos en resistencia, pero no es la única. Es toda una generación nueva que dice ¡basta de ocupación! Una generación que pone en cuestión los malogrados Acuerdos de Oslo y exige en pié de lucha el fin de la ocupación.
La “batalla de Ahed”, como la han denominado en alguna prensa, es la “batalla por Jerusalén”, la batalla por Palestina. En homenaje a la lucha de Ahed, de la juventud palestina y en solidaridad con estos niños y jóvenes encerrados en las cárceles sionistas, es que invitamos a participar de la construcción de un mural colectivo donde plasmar nuestra solidaridad, este viernes 19 de enero, a partir de las 18 horas, en la plazoleta ubicada en Hocquart y Av. De las Leyes.
¡Libertad inmediata para Ahed y todos los niños secuestrados por el sionismo!
¡Libertad para Nariman y todos los hombres y mujeres presos en las cárceles sionistas!
¡Desde el Río hasta el Mar es Palestina y su capital Jerusalén!
Comité Palestina Libre / Uruguay
La Brutalizaciòn de Israel: ley de hierro del colonialismo
por Luis E. Sabini Fernández
Revista Futuros 8 enero 2018
El Estado de Israel se encuentra en un proceso de brutalización progresiva y en expansión.
Muchos analistas han observado 1967, cuando el estado sionista decide ocupar el resto de la Palestina histórica que no había deglutido en 1948, como momento clave, de inflexión en el proceso de despojo del territorio palestino, cuando el ejército de “Defensa” israelí pasa a ser el de ocupación. Un momento en el que Israel, la ocupación, el ejército, pasan a tener un papel mucho más asfixiante y abusivo, por tratarse sencillamente de una ocupación militar. Pero semejante agravamiento puede ser entendido únicamente si tenemos en cuenta que la verdadera ocupación empezó, al menos formalmente, en 1948 y que la población palestina fue desde entonces despojada,[1] a través de la expulsión de cientos de miles de habitantes, el asesinato, a menudo colectivo, de miles, la violación y la usurpación de sus hogares y habitaciones, a veces hasta con los juegos de té tendidos en las mesas de las casas invadidas y ocupadas.
Expulsiones, asesinatos, violaciones, motorizados por la idea de un “colonialismo de asentamientos [que] ‘destruye para reemplazar’. La invasión del territorio indígena busca borrar la presencia indígena sobre la tierra de forma permanente.” [2]
1967 es aceptable como atroz mojón de la acentuación del despojo siempre que no caigamos en la tentación, socialdemócrata, de creer que allí empezó “el mal comportamiento” israelí. Como si hasta entonces Israel hubiera sido “la democracia modelo” del Cercano Oriente que tantos occidentales aplaudieron.
Si mojones temporales significativos necesitáramos, podríamos invocar, por ejemplo, 1946, cuando el sionismo hace estallar el Hotel David en Jerusalén con decenas de muertos árabes, ingleses, palestinos, judíos, seres humanos de los más diversos orígenes (el ala sionista fascista a cargo de ese atentado es precisamente la que gobierna Israel en las últimas décadas y constituye el gobierno actual encabezado por Beniamin Netanyahu).
Pero tal vez, el más significativo es que cuando el sionismo recibe el espaldarazo del colonialismo británico, que opta por usar los pujos sionistas como ariete occidental contra el mundo árabe (el “bárbaro Oriente”), en 1917, el primer enemigo con que tropieza el sionismo ya “en el territorio”, son los judíos establecidos en Palestina desde tiempo inmemorial (lo que se denominaba el Antiguo Yishuv).
Porque los sionistas empiezan a establecerse creando una sociedad aparte, en rigor una sociedad encima de la existente. Y los judíos no sionistas, anteriores, vivían dentro de la sociedad palestina. Y resisten la consigna que reciben como judíos: ningún trato con “los árabes”
Los sionistas zanjan esa resistencia con una modalidad que ya veremos se irá propagando en el siglo XX con el nazismo, el fascismo, el comunismo y que ha caracterizado a todas las dictaduras de todos los tiempos: asesinan a Jakob de Haan, un poeta judío refractario a los planes sionistas, que encabezara la resistencia judía al nuevo planteo. 1924. Primer asesinato político de la amarga historia de la sionización de Palestina. No será el único sino apenas el primero de una larga lista de asesinatos que vemos ensancharse continuamente.
El gobierno fascista actual de Israel (que evita esa denominación, que desde 1945 ha quedado “quemada”) no ha hecho sino profundizar esa senda. Pero no ha innovado nada, sustancialmente hablando. Israel, ya sea con gobiernos democráticos (pero sionistas) o con gobiernos sionistas menos diplomáticos, jamás ha variado en su proyecto histórico: “redimir” la tierra “sagrada”. ¿Ha sobrevenido alguna vez un convenio para reconocerle algo, a los palestinos? No se conocen. Ni una vez.
Con las “tratativas” de Oslo, desde 1993, cuando Israel decide evitar otro estallido como la intifada de 1987, la OLP se aviene a “conversaciones” con las que cede y termina reconociendo al EdI con la expectativa de que en un futuro más o menos próximo, el engendro sionista habría de reconocer “algo” palestino; para muchos una soberanía de las dimensiones de una cabina telefónica. La OLP, exhausta con su lucha de tipo vanguardista, sustituyendo la actividad de un pueblo por el de sus destacamentos-más-destacados, termina cediendo, con la esperanza de que a Arafat se le reconocería una presidencia virtual sobre un territorio o territorito… un bantustán, en suma.
Destruida su estrategia político-militar, Arafat, empero, no termina de claudicar porque cuando un levantamiento en las calles vuelva a revelar el sentimiento generalizado de tantos palestinos que se sienten robados, ultrajados, invadidos, desplazados, humillados −la intifada Al-Aqsa− que el régimen sionista reprime con mano durísima, Arafat, ya vencido en la mesa de negociaciones, no aceptará seguir siendo cómplice del poder sionista cada vez más ensoberbecido y denunciará el atropello militar con su infame cosecha de lisiados y muertos. Después de eso, Arafat dejará de ser “interlocutor válido”, quedará virtualmente cercado en La Mukata, en Ramallah, y tendrá una sospechosa muerte por irradiación de la cual que ya sabemos quiénes la administraron…[3] Israel buscará otro cipayo más confiable, y lo encontrará.
1936, 1947-1948, 1967, 1982, 1987, 2000, 2005, 2008-2009 y tantas otras fechas pesadillescas, donde cada vez más son los palestinos muertos, lisiados y prisioneros.
En ningún momento, desde el asentamiento sionista en Palestina, se puede reconocer a Israel cediendo. En todo caso, suspendiendo la presión, el embate, para luego reemprender la conquista con mayor énfasis si cabe: la ocupación ha sido un viaje de ida.
A medida que la relación de fuerzas se ha hecho más favorable al sionismo protegido como socio presuntamente menor del “amo geopolítico del planeta”, EE.UU., su desenfado para aherrojar a la población palestina se ha acrecentado.
Cada vez leyes más draconianas.
Los palestinos no tienen jamás, década tras década, un permiso para construir. Década tras década, las familias han tenido que ir redimensionando sus habitaciones para dar cabida a nuevos miembros, achicando el espacio familiar. Los palestinos no tienen la posibilidad de adquirir, readquirir tierras.
Han sido sistemáticamente reducidos, al mejor estilo del colonialismo español en las Américas (“reducciones de indios”)
La “reducción” territorial tiene otras causas: que un miembro de la familia haya actuado en alguna acción que el poder sionista califique como “terrorista” alcanza para derribar toda la vivienda familiar. Sin posibilidad de reconstrucción; que el estado sionista necesite un suelo para un emprendimiento alcanza para que se le confisque ese suelo a cualquier palestino.
La pérdida territorial es, por una razón u otra, continua. Nunca falta un diferendo, la decisión de un nuevo aeropuerto, una carretera, la “necesidad” de un puesto de control, para proceder a recortar esos ya tan recortados territorios. Porque Israel jamás cede tierras “propias” para tales obras; siempre las hace a expensas de las tierras palestinas.
A veces, ni siquiera eso. Alcanza la llegada de una patota de colonos sionistas que, armados hasta los dientes y/o protegidos por el ejército de “Defensa”, proceden a arrancar de cuajo vides, olivos, higueras, plantas centenarias de la milenaria agricultura de la región.
En Palestina, los judíos pueden matar impunemente a cualquier palestino. Lo han declarado algunos con chutzpah, [4] como el ministro de Economía del actual gabinete; Naftali Bennet: “He matado a muchísimos árabes en mi vida, y no he tenido ningún problema por ello”. [5]
La historia del colonialismo siempre ha mostrado lo mismo: una penetración racista, basada en la presunta superioridad civilizatoria, que permite a los colonialistas actuar con desprecio por todas las reglas de convivencia y respeto, que, a lo sumo, preservan para “los suyos”.
Esa es la única, atroz explicación para que un soldado judío, que atendería solícito a su hermana, a su madre, a su esposa, a su vecina, en situación de preparto, se permita darle largas a tantas, tantas palestinas que llegan a los “check-points” angustiadas con pérdida de aguas o de sangre o con pujos y que se desentienden en lugar de franquearles el paso al hospital más próximo, o que les ordenan regresar a sus casas y consignas por el estilo y que se traducen en que esas palestinas, solas o acompañadas, se acuclillan lo más fuera de la vista del retén y den a luz, con falta total de atención y de higiene y que se registre tan alta cantidad de bebes muertos en esas condiciones: el soldadito ha cumplido con su deber, impedir que “crezca” la población de la cual el colonialismo se quiere desembarazar.
Con el cambio de año (2017 a 2018) registramos otra forma de supresión de la población usurpada y negada: el gobierno fascista de Netanyahu, Bennet, Ayelet, Lieberman, propone instaurar la pena de muerte también para actos de resistencia a la ocupación.
Se los denomina terroristas por defenderse.
El disparador probablemente ha sido Ahed Tamimi, 16 años, la adolescente palestina que indignada por la balacera con que soldados israelíes habían matado y malherido a hermano y primo suyos (niños de 14 y 15 años), los increpó y procuró abofetearlos.
La pervertida opinión pública, a través de sus medios más oficialistas, ha admirado a esos “estoicos soldados judíos” por su profesionalidad, por no haber respondido ametrallando, suponemos, a la joven. Y dado que dicha “profesionalidad” es replicada por jóvenes como Ahed y su prima Nur, para defenderlos de tales bofetadas, el Parlamento fascistizado israelí está tramitando el establecimiento de la pena de muerte ante actos “terroristas”. Con ese calificativo, el juez y el poder de ocupación pueden disponer la condena de muerte por todo acto de resistencia, incluidos los “vejámenes” que les habrían propinado Ahed y Nur a los soldados en el patio de su hogar.
Como dice una sucursal mediática del sionismo en Montevideo: “Los medios israelíes, por su parte, la describen como una ‘provocadora que sabe cómo publicitar sus actos” (El País, Montevideo, 29 dic. 2017). Un instructivo ejercicio de periodismo canalla.
[1] Hubo desde antes un despojo, una política de despojo, solo que hasta 1948 mantuvo formas “legales”, como la compra de tierras a un propietario rentista ausente y “como consecuencia”, el desalojo por la policía (turca primero, inglesa después) de campesinos sin títulos…
[2] Nadera Shalhoub-Kervorkian, Sarah Ihmoud y Suhad Dahir-Nashif, http://www.resumenlatinoamericano.org/2014/12/02/palestina-la-violencia-sexual-el-cuerpo-de-la-mujer-y-los-asentamientos-coloniales-de-israel/.
Por eso estas autoras nos dicen que: “La violencia sexual es fundamental en la estructura global del poder colonial, en su maquinaria de dominación de carácter racial. […]. David Ben Gurion, al igual que otros dirigentes sionistas, habló abiertamente sobre la violación y tortura sexual de las mujeres palestinas en las anotaciones que hizo en su diario durante 1948. Al mismo tiempo que abogaba por la matanza de mujeres y niños palestinos, les representaba como una amenaza para la política de asentamientos coloniales judíos y premiaba a todas las madres judías cuando tenían su décimo hijo.”
Las autores citan además a una joven judía que publicó en Facebook un mensaje sobre el placer sexual que se sentía contemplando el linchamiento colectivo: “¡Qué orgasmo ver a las Fuerzas de Defensa de Israel bombardear edificios en Gaza con niños y familias dentro. Boom, boom!” [ibíd.]
[3] La viuda verificó mediciones en las últimas ropas de Arafat envidas a control; una anormalísima intensidad de radiactividad.
[4] Voz de origen hebreo, desplegada en el yiddish, que significa desenfado, descaro, insolencia.
[5] Publicado por Yediot Ahronot, periódico israelí y traducido y puesto en internet por http://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=46297, 31 julio 2013.