Envíopostaporteñ@ nº694

Derechos Humanos: Historia y Sentido en el Concepto Peronista (1)

Por ANTONIO ÁNGEL CORIA*

 

Desde que el Peronismo ingresara a la historia de nuestra Patria de la mano de Perón, Evita y los trabajadores, dejando sentado como premisa que “…es demasiado duro el clima de injusticia para condenar al Hombre a vivir en él…”, inaugurando en Argentina la era de la Justicia Social y al considerarse como lineamiento de principios con qué transitar la venturosa senda abierta que “…no pueden ya, ser factores coexistentes en el Mundo la miseria y la abundancia, la paz y la guerra”, consecuentemente quedó como sino definitorio del ideario peroniano “…que el trabajo, el pensamiento libre y la construcción constante, sean los derechos humanos que nos acerquen al progreso, a la civilización y su estabilidad” (Perón, 6.VII.47).

Ahora que estamos en aprestos para celebrar el bicentenario del primer gobierno que tuvimos los argentinos en las por entonces llamadas Provincias Unidas del Río de la Plata – y como hasta hoy, oficialmente, se designa nuestro País y su gobierno (art. 35, Constitución Nacional) – bueno es reseñar que ese tránsito no fue sin dolor.

Es que, a lo largo de la Historia, la conquista de derechos por los pueblos y en especial de la clase trabajadora, no fueron simples concesiones de la “clase de los oligarcas explotadores” (Eva Perón).

  En la experiencia argentina, ya desde 1813, cuando se habla que libertos serán los hijos de esclavos a partir de entonces, está documentado que los poderosos no se desprenden fácilmente de la “herramienta” – por esos tiempos los esclavos; más acá los cabecitas negras – que les permitió amasar fortunas y hacerse dueños de la tierra, el comercio y las vinculaciones de ultramar.

Martínez de Hoz, Álzaga, Pueyrredón, Luro, Anchorena, Mitre, Patrón Costas, Bunge y Born, Santamarina, Menéndez Behety, componen junto a otros no menos conocidos el ábaco que desde la colonia a hoy, aparecen vinculados al tráfico de esclavos, a la leva guerrerista para diezmar el patriotismo paraguayo, a la segregación de negros en San Telmo para salvar los blancos de la fiebre amarilla, al genocidio y usurpación de tierras a los aborígenes, a los crímenes en los Talleres Vasena, a la explotación en los ingenios y quebrachales, a la matanza de obreros en la Patagonia, a la desaparición de 30.000 compatriotas, al saqueo y eliminación de la estructura teórica y física del estado nacional.

Todo, con un soporte político, cultural y militar cipayo conformado como superestructura política del poder y la dependencia del gran capital transnacional.

Todo, hasta el 17 de Octubre de 1945.

Todo, hasta que, en el decir de Raúl Scalabrini Ortiz,  “el subsuelo de la Patria sublevado” decide amasar un mundo nuevo.

Instalado el gobierno de Perón y Evita, sus realizaciones gloriosas fueron posible merced a la movilización, organización y solidaridad popular de respaldo a medidas oficiales, más también, que planteó avanzar en todo lo necesario para liquidar el oprobio de la explotación y la dependencia.

Así fue como el 11 de marzo de 1949, con la reforma constitucional, quedaron consagrados derechos y principios que a esta época celebratoria del bicentenario de 1810, mantienen intacta vigencia como “los derechos humanos que nos acerquen al progreso, a la civilización y su estabilidad”.

Sin embargo, todas las acciones de justicia social, de independencia económica y de soberanía política adoptadas para la construcción de una nueva Argentina, más el prestigio con que nuestro país revertía en el concierto de las naciones y particularmente en América Latina nuestra historia anterior, ésta siempre ligada a los intereses imperialistas,  puso en funcionamiento la maquinaria del odio y la traición.

El imperialismo, la oligarquía y sus sirvientes de la partidocracia comienzan a dar rienda suelta a sus designios con la intentona golpista de 1951; con su tenebroso “viva el cáncer” pintado en paredones los días de agonía de la Inmortal Abanderada de los Trabajadores; con el criminal sabotaje en abril de 1953 en los subterráneos de Buenos Aires; con el artero y ruin bombardeo sobre Plaza de Mayo en junio de 1955, hasta que el golpismo cívico militar resulta triunfante en septiembre del mismo año concretando la restauración oligárquica.

Durante las jornadas de combates por este suceso, los asesinos hacen confesión pública: resultado del “movimiento revolucionario iniciado por la marina de guerra el 16 de junio, que tuvo comienzo a las ocho de la mañana”, fue el asesinato “de cuatro mil quinientos obreros”.

Así se difundió desde la radio rebelde instalada en Puerto Belgrano y quedó documentado en la publicación “Radio Base Naval Puerto Belgrano – La voz de la libertad” (págs. 75, 98, 129 y 135, 16-23/IX/55), como testimonio oficial de la Armada, impresa en los talleres gráficos del por entonces identificado como R.A.A.1 de infantería de marina, en noviembre de 1955.

Y pese a que a los “elementos civiles irresponsables (que) pretenden alterar el orden en la vecina ciudad de Punta Alta… el comando de marina (les) advierte que a la primera manifestación de hostilidad se procederá a implantar la ley marcial… (que) autoriza a las autoridades militares a pasar por las armas a los culpables que no se entreguen a la primera intimación…”, págs. 20 y 21 del documento citado precedentemente, la Resistencia Peronista no se amilanó.

A la política represiva que a sangre y fuego, con cárceles, proscripción y exilio, con secuestros de personas, tortura y fusilamientos, con elecciones anuladas y mentiras enseñadas desde la cátedra como verdades irrebatibles desatadas por el gorilaje con el apoyo propagandístico de La Nación, La Prensa, La Nueva Provincia, etc., le respondió la Resistencia.

Con miles de acciones – sabotajes, huelgas, volanteadas, periódicos, conferencias públicas o clandestinas, golpes “comando” – innúmeros hombres y mujeres activistas a lo largo y ancho del País no dieron tregua a los tiranos.

De alguno de sus archivos, atesorado por más de medio siglo, se rescata una declaración dando cuenta que “no crean (los golpistas) que el 1º de Mayo (de 1958, en que asumiría Arturo Frondizi) haremos borrón y cuenta nueva… todavía nos quedan energías para exigir el juzgamiento de los fusiladores y el proceso a los culpables de la devastación argentina”. Lo firmaba en Punta Alta la “Agrupación Popular” el 21 de abril de 1958.

Ilusos fueron quienes creyeron que el nuevo gobierno constitucional cambiaría el rumbo represivo desatado por los tiranos Pedro Eugenio Aramburu e Isaac Francisco Rojas. De este período, el “Diario de Cuyo”, publicado en San Juan, en su edición del 15.VI.95, en su pág. íntegra, reproduce recuerdos del escribano Roque Gallerano, ex ministro peronista de Bienestar Social en la provincia cuyana, acerca de los dramáticos momentos de su condena a muerte dictada por Alejandro Gómez (5.XI.58), en ocasión de reemplazar éste en su cargo a Frondizi, a la sazón en Estados Unidos de visita al FMI.

Gallerano habló en el diario de la “veintena de peronistas, comunistas y socialistas” que el vice presidente había ordenado detener por la Policía Federal y “arrojar desde un bombardero en la cordillera de los Andes, punto culminante de un plan general de ‘purga’ de dirigentes provinciales concebidos desde la Nación”.

Al contrario del “arrepentido” Scilingo, condenado a perpetuidad y preso en España por los “vuelos de la muerte” durante la tiranía desatada el 24 de marzo de 1976, el piloto del bombardero en que debían trasladar y arrojar al vacío los prisioneros, en presencia del gobernador Américo García contestó a sus superiores, según el relato de Gallerano: “disculpe, pero yo no soy un criminal… ¡no voy a cumplir la orden!”

Y fue durante la presidencia de José María Guido, un títere de militares dispuestos a impedir que el  peronismo se expresara electoralmente pues eran seguros sus triunfos, que son secuestrados por la policía de la Provincia de Buenos Aires, Ector Maximiano (o Maximiliano) Mendoza y Felipe Vallese; ambos, emblemáticos militantes obreros y peronistas, son salvajemente torturados: tras ser destrozado en la tortura, Maximiano es arrojado al vacío desde los techos del último piso de la ex cárcel de Caseros en la Capital Federal (Diario Democracia, 19.VI.62) y hasta la fecha, Vallese permanece desaparecido (Rodolfo Ortega Peña – Eduardo Luis Duhalde, “Felipe Vallese, proceso al sistema”, Ed. de la U.O.M., 1965).

En aquellos destacados activistas, el gorilismo cívico militar buscó  castigar al Movimiento Peronista por el aplastante triunfo del obrero textil Andrés Framini, como candidato a Gobernador en las anuladas elecciones del 18 de marzo anterior.

La larga cadena represiva cuyas víctimas eran trabajadores o militantes sindicales, no se interrumpe en el gobierno constitucional de Arturo Ilia – quien en las jornadas golpistas del 16 de septiembre de 1955 tuvo parte activa en Córdoba – y así es como el 21 de octubre de 1965, durante un acto y movilización de la C.G.T., caen abatidos por las balas policiales José Gabriel Mussi, Ángel Norberto Retamar y Méndez.

Fue la tiranía surgida el 28 de junio de 1966, sucesivamente encabezada por los generales Onganía, Levingston y Lanusse, la que amplió el espectro de la represión hasta entonces practicada con objetivo principal sobre los peronistas, colocando ahora en la mira de los sicarios a los estudiantes.

La herencia que dejaron entre muertos y desaparecidos del campo popular, fue un total de poco más de tres mil víctimas (la documentación del caso estuvo a cargo de la EUDEBA, dirigida por Arturo Jauretche, en tiempos que el Profesor Rodolfo Puiggrós era el Rector de la UBA).

Entre aquellas, los Fusilados de Trelew del 22 de agosto de 1972. Han pasado 38 años y recién ahora, por aquellos crímenes, la Justicia ha capturado y juzga a los siniestros infantes de marina Sosa y Bravo, autores materiales del asesinato.

Por reciente, partiendo del supuesto que es ampliamente conocido, no haremos referencia al resultado de la tiranía militar iniciada por Martínez de Hoz, Videla, Massera y Agosti el 24 de marzo.

Sólo recordaremos, como síntesis, que en aplicación de la política de terrorismo de estado con que el golpismo buscó afianzar el proyecto del imperialismo y la oligarquía de mantenernos colonia y explotados, se encarceló millares de ciudadanos, se produjo el exilio en masa, centenas y centenas de hombres y mujeres cayeron vilmente asesinados y el secuestro y desaparición de otros 30.000 – por  los que no dejaremos de reclamar Justicia – es llaga viva en la conciencia del Pueblo argentino.

En la celebración del Bicentenario, para nosotros, habrá motivos siempre y cuando no se abandone la actual búsqueda de la verdad sobre responsabilidades de la represión contra el campo nacional y popular durante el más de medio siglo último.

Liquidando la impunidad de los genocidas que vienen de lejos (J.D. Perón, en “Latinoamérica ahora o nunca”, pág. 30; Ed. Realidad Política; 1965) dejaremos de andar, como planteaban Evita y Perón y nuestros mártires, sometidos a “la libertad de quienes la usan para hacernos esclavos o siervos” (Eva Perón, “Mi mensaje”, Ed. Futuro, 1994).

Que es como sostener y defender los derechos contemplados en los tres principios que nos llevarán a construir la sociedad y el País que todos anhelamos y por el cual luchamos: JUSTO, para eliminar las desigualdades sociales; LIBRE, para construir su destino de grandeza; SOBERANO, para decidir sobre su desarrollo en beneficio de la Nación y la Humanidad.

28.11.2010, en Neuquén, Argentina

 

 

[1]- En “Bicentenario de la Revolución de Mayo y la Emancipación Americana”, dirigido Por Marco A. Roselli,  Ed. del Instituto Superior Dr. Arturo Jauretche, abril 2010, pág. 335.

 

* Nacido en Puerto Belgrano, Provincia de Buenos Aires hace 70 años, militante en la Resistencia, cursó estudios secundarios en Punta Alta y Olavarría.

Fue empleado de comercio, gráfico y periodista.

Activista y dirigente gremial en la Sexta y Séptima Sección Electoral de su provincia natal (en la última, fundó gremios) y también en la Provincia de Neuquén, donde vive actualmente. Estuvo entre los fundadores del “Centro de Estudios Argentinos Raúl Scalabrini Ortiz” (1960) del cual fue su primer Secretario General, en Punta Alta. Integró el C.de.O. de la Juventud Peronista (1963) y fue miembro de la Mesa Nacional del Movimiento de la Juventud Peronista (M.J.P.) en 1964, Año del Retorno de Perón a la Patria. Participó de la organización y fundación de la “62 Organizaciones Gremiales de Pié Junto a Perón” (1965) y de la “C.G.T. de los Argentinos”.

Fue trabajador de prensa (Tribuna, El Popular, El Mensajero, Noticias y Río Negro en Argentina y Diario Cambio, en México) y participó de la edición y fundación de varias publicaciones (Resistencia; Tribuna Libre; El Militante; Latitud Sur, Volveremos), perseguido por las “tres A” y los militares golpistas, vivió exiliado (12 años) en Perú y México, período que integró el Movimiento de Unidad Latinoamericana.

Fue dirigente provincial del PJ en Neuquén (1965). Actualmente es trabajador No Docente en la Universidad Nacional del Comahue, desde donde continúa su militancia gremial, colabora en Radio Comunidad “Enrique Angelelli”, integra el Foro Ciudadano de Defensa de la Democracia en Neuquén y forma parte del Centro Cultural Enrique Santos Discépolo, del que es Delegado en la Región Comahue