Errores y omisiones de Sousa Santos
Dice el sociólogo de Sousa Santos en su artículo publicado en el diario Página 12 de Argentina (verlo completo al final):
Las izquierdas del Norte global (y, con excepciones, también las de América latina) empezaron por ser colonialistas y más tarde aceptaron acríticamente que la independencia de la colonias terminaba con el colonialismo, desvalorizando la emergencia del neocolonialismo y del colonialismo interno. ¿Serán capaces de imaginarse como izquierdas colonizadas y de prepararse para luchas anticoloniales de nuevo tipo?
* No me parece acertado eso de que "salvo excepciones", las izquierdas latinoamericanas aceptaron acríticamente que la independencia de las colonias terminaba con el colonialismo.
Desde época lejana, ya Mariátegui y Mella plantearon opciones divergentes con la política de "izquierdas" de su época (stalinismo y socialdemocracias). Luego, las corrientes trotskistas y las indomamericanistas, todavía en el marco de pequeños cenáculos. Y a partir de 1959, la Revolución Cubana que da origen a la corriente guevarista se expandió en América Latina en franca discrepancia con el reformismo stalinista/socialdemócrata, al que sí puede caracterizarse como colonizado.
El concepto de semi-colonia o neocolonia era parte sustancial de la caracterización de las izquierdas revolucionarias continentales.
Hay toneladas de escritos al respecto, además de sus respectivas trayectorias políticas. Desde Centroamérica las insurgentes FAR, EGP y ORPA de Guatemala, los farabundistas salvadoreños, los sandinistas nicas; y las de Colombia, Venezuela, Perú y las del Cono Sur (MIR en Chile, los POR y después el ELN en Bolivia, los Tupamaros uruguayos y en Argentina, el PRT-ERP, OCPO y organizaciones afines).
Entonces, ¿cómo puede ignorar este analista toda esta corriente que hizo del antimperialismo y el anticolonialismo una de sus principales banderas políticas?
¿Toda esa corriente es la "excepción? Me parece un error de análisis histórico demasiado grosero.
Dice después de Sousa Santos reiterándose:
En los últimos cincuenta años, las izquierdas (todas) hicieron una contribución fundamental para que la democracia liberal tuviese alguna credibilidad entre las clases populares y para que los conflictos sociales pudiesen resolverse en paz. Como la derecha sólo se preocupa por la democracia en la medida en que ésta sirve a sus intereses, hoy las izquierdas son la gran garantía de salvación para la democracia.
* En los últimos 50 años, precisamente, y con más fuerza que en toda la historia del capitalismo latinoamericano, las izquierdas revolucionarias, con énfasis la guevarista, fueron las que pusieron en cuestión las democracias liberales (incluyendo aquí sus formas populistas y bonapartistas).
Los Tupamaros nada menos que en la ilusa "Suiza latinoamericana" con la que se encubría la de Uruguay, el MIR en el Chile de la "revolución en libertad" de la Democracia Cristiana y durante la breve experiencia reformista de la Unidad Popular y el PRT en Argentina. ¿Se puede ignorar todos esos acontecimientos y a todas esas fuerzas políticas? Fueron esos movimientos los que motorizaron el auge revolucionario que tuvo como respuesta el terrorismo de Estado en sus distintas variantes, que fue la contrarrevolución armada a escala continental.
Esa contrarrevolución - así hay que caracterizarla y entenderla - fue la que arrasó con las democracias liberales y populistas.
Que el autor saque como conclusión de sus omisiones que hoy día "las izquierdas" son la salvación de la democracia liberal, es porque persiste en ignorar que hubo izquierdas revolucionarias y se remite en su concepto restringido de "izquierdas" a las que hoy gobiernan en países como Uruguay, Brasil, Ecuador o lo que fue la Concertación chilena.
Y además confunde lo que es la defensa legítima y necesaria de cualquier conquista democrática dentro del capitalismo dependiente (neocolonial o semicolonial), con la aspiración genuina de una democracia política genuina, que es la tarea pendiente de nuestras revoluciones inconclusas.
Es una primera aproximación a esta cuestión central.
Abel Bo
Colonialismo, democracia e izquierdas
Por Boaventura de Sousa Santos *
Las divisiones históricas entre las izquierdas fueron justificadas por una imponente construcción ideológica pero, en realidad, su sostenibilidad práctica –es decir, la credibilidad de las propuestas políticas que les permitieron atraer seguidores– se basó en tres factores: el colonialismo, que permitió el desplazamiento de la acumulación primitiva del capital (a través del despojo violento, con incontable sacrificio humano, muchas veces ilegal y siempre impune) hacia fuera de los países capitalistas centrales donde se libraban las luchas sociales consideradas decisivas; la emergencia de capitalismos nacionales con características tan diferentes (capitalismo de Estado, corporativo, liberal, socialdemocrático) que daban verosimilitud a la idea de que habría alternativas para superar el capitalismo; y, finalmente, las transformaciones que las luchas sociales fueron produciendo en la democracia liberal, permitiendo alguna redistribución social y separando, hasta cierto punto, el mercado de las mercancías (los valores que tienen precio y se compran y venden) del mercado de las convicciones (las opciones y los valores políticos que, al no tener precio, no se compran ni se venden). Si para algunas izquierdas esa separación era un hecho nuevo, para otras era un engaño peligroso.
Los últimos años alteraron tan profundamente cualquiera de esos factores que nada será como antes para las izquierdas tal como las conocimos.
En lo que respecta al colonialismo, los cambios radicales son de dos tipos. Por un lado, la acumulación de capital a través del despojo violento volvió a las ex metrópolis (hurto de salarios y pensiones, transferencias ilegales de fondos colectivos para rescatar bancos privados, total impunidad de la mafia financiera), por lo que una lucha de tipo anticolonial ahora deberá librarse también en las metrópolis, una lucha que, como sabemos, nunca fue pautada por las cortesías parlamentarias.
Por otro lado, pese a que el neocolonialismo (la continuación de las relaciones de tipo colonial entre las ex colonias y las ex metrópolis o sus sustitutos, el caso de los EE.UU.) ha permitido que la acumulación a través del despojo haya proseguido en el antiguo mundo colonial hasta hoy, parte de ese mundo está asumiendo un nuevo protagonismo (India, Brasil, Sudáfrica y el caso especial de China, humillada por el imperialismo occidental durante el siglo XIX), hasta tal punto que no sabemos si en el futuro habrá nuevas metrópolis y, por ende, si habrá nuevas colonias.
Las izquierdas del Norte global (y, con excepciones, también las de América latina) empezaron por ser colonialistas y más tarde aceptaron acríticamente que la independencia de la colonias terminaba con el colonialismo, desvalorizando la emergencia del neocolonialismo y del colonialismo interno.
¿Serán capaces de imaginarse como izquierdas colonizadas y de prepararse para luchas anticoloniales de nuevo tipo?
En cuanto a los capitalismos nacionales, su final parece marcado por la máquina trituradora del neoliberalismo.
Es cierto que en América latina y en China parecen emerger nuevas versiones de dominación capitalista, pero curiosamente todas ellas se aprovechan de las oportunidades que el neoliberalismo les confiere. El 2011 demostró que la izquierda y el neoliberalismo son incompatibles.
Basta ver cómo las cotizaciones bursátiles suben en la exacta medida en que aumenta la desigualdad social y se destruye la seguridad social. ¿Cuánto tiempo les llevará a las izquierdas extraer las consecuencias?
Finalmente, la democracia liberal agoniza bajo el peso de los poderes fácticos (las mafias, la masonería, el Opus Dei, las empresas transnacionales, el FMI, el Banco Mundial), la impunidad de la corrupción, el abuso de poder y el tráfico de influencias.
El resultado es una creciente fusión entre el mercado político de las ideas y el mercado económico de los intereses. Todo está en venta y sólo no se vende más porque no hay quien compre. En los últimos cincuenta años, las izquierdas (todas) hicieron una contribución fundamental para que la democracia liberal tuviese alguna credibilidad entre las clases populares y para que los conflictos sociales pudiesen resolverse en paz. Como la derecha sólo se preocupa por la democracia en la medida en que ésta sirve a sus intereses, hoy las izquierdas son la gran garantía de salvación para la democracia.
¿Estarán a la altura de la tarea? ¿Tendrán el coraje de refundar la democracia más allá del liberalismo?
¿Una democracia robusta que enfrente a la antidemocracia y que combine democracia representativa con democracia participativa y democracia directa?
¿Una democracia anticapitalista ante un capitalismo cada vez más antidemocrático?
* Doctor en Sociología del Derecho.
El texto corresponde a la Cuarta carta a las izquierdas del autor.
Traducción: Javier Lorca. PÁG. 12