EnvíoPostaPorteña 2575

Dentro de diez años todo será Ceuta

Carlos X. Blanco 15 sept 2026

 

Piensa en tu ciudad o pueblo. De la noche a la mañana, en cuestión de horas, la población de la apacible y localidad donde vives se duplica. Si tu ciudad albergaba 80.000 almas y, era una ciudad –más o menos- bajo “el imperio de la Ley”, de repente, alberga 160.000.

¿Quiénes son? ¿De dónde vinieron? Extranjeros. No extranjeros cualesquiera: pertenecen a otro mundo cultural, a otra esfera de valores. ¿Qué aportan? El caos. No traen nada consigo. Hambre, enfermedades, violencia. Algunos traen machetes y cristales para herir, quizá armas peores. Algunos (no todos, pero algunos ya son demasiados) vienen a violar y saquear. Nadie les ha llamado, nadie salvo el Gobierno y la red mafiosa de ONGS que forman la jauría “no fronteras”. No se les ha invitado. No son bienvenidos. No es legal hacer lo que hicieron. No es legal. El doble de población de repente, miles y miles acampados en cualquier espacio libre. Los niños, y especialmente las niñas y las mujeres, no pueden salir de casa. No sin protección varonil, no sin spray pimienta, no sin escolta armada.

No se les ha invitado. No son bienvenidos. Es ilegal. Todo esto se nos olvida cuando empleamos los términos “crisis migratoria” o “drama humanitario”.

Pero entran, y se quedan. Se quedan y no se les puede devolver a la frontera. Invaden una ciudad, invaden un territorio soberano.

No tenían permiso para entrar, pero sí hubo llamamientos encubiertos desde el Gobierno y desde la izquierda española que, con su “cultura de la acogida” se ríe de los “derechos humanos”.

Pues, vamos a aclarar las cosas: no existen derechos humanos, no se cumplen, no se respetan, no adquieren tintes serios si no hay un pueblo y un territorio con sus propios “derechos”. Los ceutíes tenían –y tendrán objetivamente- todo el derecho del mundo a que sus derechos sean respetados y garantizados. Tienen derecho a no sufrir bajo la ocupación de toda esa gente. Si es preciso, por medio de una acción eficaz de las fuerzas armadas, los derechos de un pueblo y de una tierra se defienden. Las ONGS y la jauría de la izquierda española que deploran la existencia de fronteras y derrama lágrimas reptilianas sobre los “niños” que llegaron con los invasores. ¿se acuerdan alguna vez de los ceutíes? Los ceutíes tienen que encerrarse en casa por miedo a la agresión. Tienen que encerrar a sus niños, porque entre las “pobres almas” hay depredadores sexuales. Hay problemas de abastecimiento. Hay miedo. No encuentran sitio en su propia ciudad. Todos los “derechohumanistas” tienen que velar y pensar, primero, en los derechos de las víctimas de una invasión antes de velar y llorar por una masa de la cual ignoramos todo y que ha venido a donde no debería haber venido.

Porque lo que hubo, y hay, es una invasión en toda regla. No se juntan 80.000 tíos así como así, sin una organización. Los gendarmes de Marruecos tienen que canalizar la masa, ordenar el momento, facilitar el transporte, señalar los puntos. Esto, en lo que concierne al estímulo. Pero un estímulo no es estímulo sin contar con la respuesta. La respuesta corresponde a Moncloa: no hacer nada, ignorar los avisos, mirar para otro lado, desviar la atención del público.

Entre los invasores hay gentes desesperadas. Sin duda: ¿qué persona, si no está desesperada, va a obedecer a un sátrapa millonario como el sultán de Marruecos y a sus esbirros? Pero las cárceles de media África se vacían a costa de España, también, convirtiendo así a Ceuta en una gran cárcel. Entre los invasores hay menores, sin duda. Incluso alguna niña, según dicen. Pero entre lágrimas de reptil de los oenegetas, periodistas monclovitas, derechohumanistas, buenas samaritanas, etc. los ceutíes se ahogan. Se ahogan entre tantos invasores, tanto magrebís como del África negra, invasores que en su mayoría jóvenes fuertes y en edad militar, aptos para labrar la tierra, cuidar ganado o hacer otros trabajos productivos en sus respectivas patrias, aquellas patrias suyas que deberían defender y sanear, y no dejar en el abandono movidos por el mito de El Dorado. La respuesta y, estrictamente, no-respuesta de España es terrible, desesperante. El ejército es otra ONG más, policía y guardia civil también. Los altavoces monclovitas sueltan toda su matraca sobre “niños y niñas”, sobre el “drama humanitario”… Pero los ceutíes, los españoles ¿no están sufriendo un verdadero drama humanitario?

Quien roba, no puede protestar por perder la mano metiéndola donde no debe. Quien viola a una niña o mujer, no debe reclamar inmunidad por obtener, a cambio, una mutilación o muerte in fraganti. A eso se expone la bestia cuando la bestia se hace manifiesta. Nuestros conceptos sobre “humanitarismo” deben ser enérgicamente revisados. Las guerras y conflictos, las miserias y atrasos africanos que España no ha provocado, sino que son provocados por las grandes potencias a las que España obedece perrunamente, no pueden ser atenuadas por nuestra proverbial ternura y hospitalidad. Somos tiernos y abiertos ¿por pura bondad? ¿No parece, más bien, que es la cobardía la que produce esta “respuesta” (o “no-respuesta”)?

La (no) respuesta monclovita y sanchista no refleja simplemente la inoperancia y traición de quienes nos gobiernan. Es síntoma de una sociedad que vive de prestado, que es cobarde. A los españoles ya no se les puede pedir (a falta de un ejército de verdad) que formen una cadena humana en torno a las verjas y playas de Ceuta, Melilla, Canarias y demás zonas vulnerables, todos bajo un cartel gigante y apartidista: “¡Volved a vuestro país!”. Lo que el ejército y la marina no hacen, debería hacerlo un pueblo unido.

Tu ciudad, aunque creas que está mucho más al norte, va a estar igual que Ceuta dentro de diez o quince años. La (no) respuesta monclovita es la que menos desgaste electoral presenta a largo plazo, es la típica conducta pasiva y cruel (anti-española) representativa de una sociedad que se ha educado en la idea de “no mojarse”. El problema que no afrontamos ahora con mano firme, de hierro, se nos vendrá encima multiplicado por ciento, por mil.

Los americanos y franceses se han dedicado durante todo el siglo XX y lo que llevamos del XXI, a saquear y desestabilizar en continente africano, y lamer los traseros de un Estado, el de Marruecos, tan artificial como el de su socio monstruoso, Israel. De hecho el Reino que posee Mohamed VI es más reciente que la entidad sionista, fruto de las descolonizaciones y trapacerías de las potencias occidentales en los años 50 (Israel existe desde 1948 por idénticas trapacerías). Los americanos y sionistas, así como la “potencia” colonizadora, Francia, han cortejado a un personaje siniestro, el rey de Marruecos, de la misma altura que Netanyahu: alguien con la altura moral de una cucaracha a la que le importa rábano la muerte de sus propios súbditos, conducidos a España como el ganado, seres humanos manipulados y entremezclados con masas africanas  venidas de más a sur, con el fin de ocupar nuevos territorios y dar nuevos mordiscos a una España inane. Inane pues permite que gobierne el régimen monclovita y sanchista.

Cuando Marruecos invadió el Sahara, oficialmente una provincia española, a eso lo llamaron “Marcha Verde”. Entonces Franco estaba viejo y enfermo. Ahora España entera está vieja y enferma. El lobo, cuando huele la sangre de su presa, y le llegan las feromonas de los corderos ya medio muertos de miedo, se excita. Y se dice a sí propio: “lo volveré a hacer”. Y vaya si lo han vuelto a hacer los lobos de Rabat. Las Cortes internacionales que pretenden juzgar a dictadores y genocidas, e incluso darles lanzadas después de muertos, ¿por qué no miran a aquellos que arrojan masas contra los pueblos, y a aquellos que responden no-haciendo, abriendo puertas al saqueo, la ocupación, la violación en masa y a la desestabilización étnica de los países? En Rabat y en Madrid hay sujetos imputables, “estadistas” que merecen que la historia les escupa sobre la lápida, porque ellos han echado a perder una nación, cada uno de los dos, a la suya. Es muy grave traerse el problema de África a Europa. Donde antes había una región caótica y violenta, ahora tenemos dos.