Envíopostaporteñ@ 807

SOBRE VIEJOS CALANDRACAS

 

Cuándo un dedo apunta a la luna,

los imbéciles miran el dedo

Proverbio Zen

Hace un buen tiempo que leo Posta Porteña como forma de sustraerme al realismo político y al posibilismo más rupestre que abreva en el chauvinismo de potrero  de la refundación nacional.

  Me reconforta la impronta  diversa, crítica, y a veces saludablemente caótica que caracteriza a este espacio, aún lo recurrente e internista de algunos planteos, pues estos ¨excesos¨ no son otra cosa que vicios de crecimiento que  hablan de la ausencia opresiva de espacios de intercambio y debate, sin genuflexiones, seguidismos y  cultores del pensamiento único .

Parecería ser que no sólo hay torpeza, también hay mala leche al querernos persuadir que los espacios de construcción política sólo tienen capacidad de reproducción dentro de una institucionalidad de eunucos agresivos que, a contrapelo de las mejores tradiciones de una izquierda insumisa dio orígenes a una Convención ( no ¨central¨) de trabajadores que proscribía estatutariamente usar su vida interna, su organicidad, para ambientar consignas partidarias y para servirse de ella como puente para trepar en otros cargos institucionales posteriormente.

Eran  tiempos y prácticas que desestimulaban a los burócratas rentados pues ni siquiera se aludía en la delegación de las representaciones a ¨dirigentes¨, solamente se mencionaban representaciones funcionales.

De esta manera me tocó escuchar un comentario jocoso de un viejo fundador refiriéndose al plan de lucha que se aprobó en vísperas de las grandes movilizaciones preliminares a la convocatoria al Congreso del Pueblo decir: “habían más posiciones que delegados, esa forma de unidad perdura y moviliza más que cualquiera”

La posmodernidad y sus camaleones progresistas ha puesto en  incertidumbre esa cultura política, hoy el escenario excluyente de la política es el ámbito institucional y sus prácticas se asemejan  un teatro chino, dónde un mismo personaje interpreta diversos papeles cambiando máscaras grotescas, de esta manera ,un burócrata con una renta de asesoría que le otorgó su aparato político  expensas del estado, es casi simultáneamente un militante político o un director obrero en algún ente estatal ,haciendo ininteligible con cuál se está una relacionando en cada temporalidad.

No sé por qué razón en los umbrales de la vejez no reparo en los nombres de mis interlocutores, posiblemente porque usé tantos, que eran verdaderos  sin ser reales, que asumo que otros puedan hacerlo, en consecuencia, ni me entusiasman ni me intimidan los nombres de dos apellidos rubricados debajo de una nota.

Creo que eso no define la naturaleza de un planteo, creo haber estado conversando con el ¨Sr Porteño¨ hace unas semanas en ocasión de acompañar a Juan Carlos Sena, un hombre bueno y luchador, yorugua u oriental, en una mesa dónde no se me ocurrió pedir cédulas de identidad para registrar quienes eran  orientales y quienes porteños, eso resultaba poco relevante en Orletti, para las víctimas y para los victimarios.

Seguramente, como tupamaro que es  Elbio V. Moreira Piegas  debe saber mejor que yo cuántos porteños pagaron con  sus vidas en los tenebrosos cuarteles uruguayos o en casas clandestinas.

Así como cuantos orientales cayeron en combate junto a combatientes del ERP argentino, muchos de ellos ¨porteños y pequeño burgueses¨

Eso no lo registra la historia oficial del MLN que ha escrito Fernández Huidobro, ni que el reiteradamente traicionado inicia su testamento “Yo, Don José Gervasio Artigas, argentino de la Banda Oriental…”  pero si lo registra el  “aporteñado”  historiador Carlos Machado que quizás por quedarse en Buenos Aires por siempre contrajo esos dislates de llamar chicos a los gurises:

 “Estábamos discutiendo todo el tiempo esa concepción de que éramos fruto de la ingeniería política inglesa, que habíamos cumplido ese rol de estado tapón tan nocivo, reivindicábamos la Orientalidad. Después la dictadura se apropió del término, de la Orientalidad, pero antes de eso tenía otro sentido.

No decíamos uruguayos, decíamos orientales, poníamos el tema en discusión. Hoy los chicos ven eso como algo raro, esa discusión no está más en la mesa, nos ganaron, somos todos uruguayos.”

No conozco a Elbio Moreira, quizás sea mejor padre y mejor persona que yo pero su chauvinismo estrecho siendo de un país que es una ortopedia de estado arrojada por los ingleses al oriente del Río de la Plata “me duele,(glosando a Miguel Hernández) hace tiempo en los cojones del alma.”

En cuanto al viejo Julio, al cual aprecio personalmente, por tener otra torsión ideológica que los otros dos integrantes de la ¨Santísima Trinidad¨ me preocupa el ditirambo desmedido de quien sale a desagraviarlo, pues la centralidad de su conducta política debe estar expuesta a la critica permanente por aceptar ser un dirigente público vinculado al gobierno y a cargos de responsabilidad.

Es absolutamente pertinente interpelarlo sobre omisiones del pasado y presente , desde su hipotética aquiescencia con la propuesta de rendición incondicional del historiador F. Huidobro y la simulación de un combate para que se entregara ,tal cual le reclamó en un Comité Central  de su organización el hombre a la altura de su ditirambo, “el inolvidable y magistral compañero Raúl Sendic”.

 La calificación de viejo calandraca en tanto, no agravia, extremo que también  puede ser extensivo para el Sr. Porteño o para mí  y ser menos histriónicos con los fusilamientos( podría haber evitado el inmoderado y censurable calificativo de marras del ¨Sr Porteño¨), a partir del reconocimiento de cuantos arrepentidos que antes no trillaban por miedo en el patio de un cuartel, hoy ocupan cargos en el gobierno, y limitarnos con modestia a aceptar las recomendaciones  de Mark TWAIN "Los que pueden actúan, y los que no pueden, y sufren por ello, escriben".

 Por último sobre la disputa de  quien se considera más o menos tupamaro, debo de reconocer que me excluye con morosidad, entiendo y respeto a quienes siguen  reivindicando ese espacio, pero entiendo que la política actual no se construye con emociones, en consecuencia, el Ministro del Interior Eduardo Bonomi es Tupamaro orgánico, al igual que tantos senadores y diputados  que votan con manos de yeso la aquiescencia con el tutelaje de Marines Gringos.

Eso no refiere a ninguna virtualidad, si lo sería definirse sobre la consecuencia con sus postulados históricos, sobre su estrategia de construcción del socialismo.

¡Pero eso es una antigualla prediluviana!, en tanto, esa polémica  trasladada al escenario de la ¨Real Politik¨ posmoderna, me recuerda más (, sin querer ofender a nadie) al origen de una banda de rock “porteña¨, que se conoce como los Auténticos Decadentes  que adjuraron de los decadentes pero perdieron el  nombre registrado.

UN AUTÉNTICO DECADENTE