Envíopostaporteñ@ nº 558

La Moral de Tartufo

Cierro los ojos un ratito y me pongo a pensar. Necesito pensar.

Ese ejercicio es el primer blasón que una sociedad tiene que mandar al frente para no ser una hoja al viento que los mercenarios mediáticos se disputan, dando cátedras de lo que es el sentido común.

Pienso

No existe la opinión pública, existe la opinión de clase

Hay cosas que por más que las disfracen de complejas, son en sí mismas simples. Plebiscitar los derechos humanos es como plebiscitar si uno quiere pobreza o no. Del vamos, que te hagan esa pregunta es una manera de naturalizar las atrocidades que el neoliberalismo acciono para implantarse en las distintas regiones del globo, es el trampolín que nos lleva a las sociedades adoctrinadas. Abrimos el juego de lo que es impresentable.

Así en muchos países engañaron a los pueblos con espejitos que reflejaban el desarrollo y la inversión, sabiendo que detrás de las medidas, con el pasar de los años, el puñal de la desocupación, el recorte fiscal, el congelamiento de salarios, apuñalaría al pueblo desangrándolo en hambre y violencia.

Pensar

Uno mira el primer mundo Francia, Grecia, Portugal, España, tenían todo lo que un buen ciudadano podría desear, y ¿Qué es lo que paso? Tartufo se abrazo con Maquiavelo. Las poliempresas conocen los daños causados por sus lineamientos económicos, por eso tiran al pueblo con una mano la complejidad del mundo y con la otra la distracción del consumo.

Pero bueno, ahora el mundo se cae, y se nos cae arriba.

Estamos en la obligación de romper con este no saber qué pasa, hay que formarse, hay que parir o intentar parir un criterio propio para poder confrontar en la calle, en el bar, el ensayo, el laburo.

Pensar

Tu cabeza está constantemente en juego, la tironean de acá y de allá, nadie está exento de esta ley.

Hay que pensar para Salir al camino ya nadie tiene derecho a quedarse quietito porque tartufo a muerto con su máscara en la mano y ¿a que no saben quién estaba detrás?