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Esta Europa, NO. Esta Guerra, MENOS

Carlos X. Blanco.

Se nos anuncia una Guerra, "su Gran Guerra, la Guerra Definitiva", como diría un personaje de El Señor de los Anillos. Muchas fechas y sibilas concuerdan: 2030. Año arriba, año abajo, este número redondo indica cuándo los "dispuestos" estarán preparados.

No sé, verdaderamente, a qué diablos estamos jugando. Esta Guerra, su Gran Guerra, la Guerra Definitiva puede suponer la muerte de millones de personas. Puede suponer el fin de Europa tal y como la conocemos, el ocaso de la Civilización. Aunque haya naciones de otros continentes, lejos de Europa, que se escapen de la masacre, doy  por sentado que esta parte superviviente del género humano tampoco será la misma.

En 1945, el choque emocional de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, lanzadas por la "Democracia Americana", fue tapado a medias por medio de la Religión del Holocausto. Dicha religión rezaba así: "solamente un Holocausto, el Único, el más terrible, el que se debe arrogar el derecho a olvidar a todos los demás". En efecto, fue el Holocausto cometido por los nazis fue terrible, pero no el único. La "Gran" democracia americana también cometió los suyos.

En 2030, los dispuestos estarán preparados. La Gran Democracia Americana (aguantemos la risa), después de haberse quitado de encima a los nativos originarios, por medio de un genocidio igualmente tapado con la Leyenda Negra Anti-Española y después por Hollywood, se apoderó de todo el resto del continente, robando la soberanía a países hispánicos. Después de vencer a una decadente España, último recuerdo de una verdadera civilización aglutinante -la Hispanidad- los yanquis procedieron a matar a un millón de filipinos y a una cifra indeterminada de caribeños, ensayando métodos que se atribuyeron en exclusiva a los nazis. Todos ellos, caribeños y filipinos, habiendo dejado de ser españoles, pagaron muy cara su falsa independencia.

Después de 1898, hundida la flota española, vino el mundo de hoy: conocemos la historia. Los norteamericanos no dejaron de navegar cañoneando y desembarcando por todos los mares y océanos. Menos interesados que los británicos en adquisiciones territoriales, más allá de ciertas islas y enclaves estratégicos, los imperialistas yanquis heredaron la talasocracia inglesa, como concepto y como realidad. Azuzaron, desde su poderío capitalista y petrolero, las dos grandes contiendas de Eurasia en el siglo XX, entrando en acción propiamente militar en el momento último, justo cuando las potencias europeas occidentales se agotaban. En las dos guerras mundiales -y dentro de ellas, en su ámbito europeo- los imperialistas yanquis consiguieron doble baza: a) impedir la hegemonía de un imperio "telúrico", esto es, impidieron el surgimiento de un imperio territorial estrictamente europeo (ni Rusia, ni los germanos, ni Francia), así como la entente telúrica de dos de ellos; y b) la baza de heredar la talasocracia y, por ende, el arbitrio de los ingleses en los asuntos de Europa, al tiempo que los pérfidos de Albión se les agotó para siempre su posibilidad de remontada, subordinándolos a sus intereses, para siempre sometidos a sus antaño rebeldes hijos yanquis.

Tras el momento unipolar que sucedió a 1991 y la caída de la URSS, que se extendió poco más de un decenio, los Estados Unidos comenzaron a dar signos de su propio agotamiento. Dicho cansancio y evaporación se remonta a Bretton Woods, al problema de la deuda del dólar, a la humillación de Vietnam, es decir a la década de los 70 del siglo pasado. Sin embargo, la unipolaridad casi inesperada que trajo consigo la caída del llamado "socialismo real", dio ínfulas al proyecto norteamericano rebautizado como Globalización. Pero esta Globalización supone, en palabras de Costanzo Preve, la exportación e imposición del American Way of Life, con todas las distorsiones y disoluciones que tal hecho supone, no ya en culturas ajenas a la tradición europea, sino en la propia Europa. Que nuestros muchachos empleen los calzones y las payasáticas gorras beisbolianas de los negros de Brooklyn y así parezcan marionetas émulas de las series yanquis, no es de lo más grave, pero sí significativo  Que la izquierda woke haya capitalizado el discurso de la filosofía, la política, el derecho y las humanidades de los países de Europa sí presenta consecuencias devastadoras. Somos colonia abyecta.

Ahora nos vamos dando cuenta -incluso colonizados hasta la médula- de que el momento de la unipolaridad es historia. Un sueño breve e irreal, sueño húmedo para los globalistas y neoliberales del llamado "Occidente", pero sueño pesadillesco empapado con el rojo de la sangre para gran parte de los pueblos del mundo, especialmente lo más refractarios al colonialismo de la Anglósfera.

Europa no se ha hecho cargo actualmente de la nueva fase. Un policentrismo encaminado hacia una multipolaridad definitiva, siempre y cuando no estalle antes la Guerra, su Gran Guerra, la Definitiva.

El proyecto globalista, neoliberal, liderado por los norteamericanos desde 1945 (si no antes), basado en el saqueo y en la Producción de Subdesarrollo en el Sur Global, sigue en pie a pesar de que muchos países de ese Sur Global y dos enormes potencias telúricas (China y Rusia) no lo comparten, se le oponen y poseen proyectos alternativos. Los norteamericanos de la era Trump han virado en sus conceptos y actitudes hacia Europa. Ya no somos aliados, somos vasallos. No somos piezas de anticuario valiosas que hay que conservar: somos recuerdos de la abuela que se malvenden para saldar deudas. No somos prolongaciones de un Gran Occidente, su cuna y su raíz, ni demás monsergas. Europa, especialmente Europa Occidental somos para ellos bases militares, plataformas de lanzamiento de misiles y drones, lacayos que deben contribuir pagando sus dislates, siervos perrunos. Todo esto y más (y este "más" no es nada positivo ni bueno) representa Europa para la actual nomenclatura en el Poder de Washington y Langley.

Como siempre, los británicos han sido designados como capataces del cortijo para azuzar en los lomos a los "continentales". Las Islas, la Pérfida Albión, son algo así como un portaviones yanqui permanentemente anclado ante Normandía y los Países Bajos, ante Europa entera, una cuña ante la playa puesta allí para vigilarnos. Su City sigue siendo la plaza donde se subasta el botín de piratas, el primer Paraíso Fiscal Sionista-Calvinista desde donde poder transferir fondos hacia climas más tropicales o búnkeres de Sion. Su ejército, ya sin David Niven y sin elegancia, es insignificante en el contexto actual de potencias continentales: se reduce a una suerte de rama uniformada del MI6, que actúa como tábano o aguijón de abejorro para que ningún conflicto eurasiático se extinga. Las Islas, bajo una táctica retirada trumpista, serán las responsables de extender un ardor guerrero del que ellas mismas carecen. La estulticia de polacos y alemanes, casi diría que la misma estulticia de 1939, servirá para que hagan caso de esta maldición para Europa y para la Civilización: la maldición de que las Islas Británicas no sean una agrupación de pequeños países de mayoría celta, independientes unos de otros, industriosos y pacíficos. La maldición de que pretendan liderar -¡todavía!- una Anglósfera con los yanquis tácticamente retirados, pero viéndolo todo como en la barrera de los toros.

Los servicios secretos y diplomáticos de las Islas azuzan el conflicto ucraniano, y generan todo el daño que pueden en Europa Central y Oriental con el fin -último y utópico- de debilitar a la Federación Rusa. El modus operandi de los mismos se va asemejando cada vez más al terrorismo. La excusa de contar con Ucrania, sólo parcialmente ocupada por las tropas rusas, como inmenso zulo desde donde organizar fechorías, les parece hoy perfecta. No les importa nada que Ucrania haya desaparecido de facto como país, y que ya apenas queda ese "último ucraniano" que, a modo de último cartucho, querían quemar. Desde Ucrania se expiden fondos ganados con el crimen (prostitución, que incluye la infantil, órganos, drogas, esclavos, armas): Europa está financiando un sumidero en su propio corazón, en el centro de la parte occidental de Eurasia. Pero la vanguardia pirática de este crimen organizado, bajo pretexto de debilitar a Rusia, sigue residiendo en Londres. A todo esto, los norteamericanos dejan hacer. A largo plazo les gustaría mucho ver una Rusia desunida, caótica, vencida. A corto y medio plazo no pueden hacer mucho por ellos mismos, salvo dejar que sus peones, lacayos y corsarios contratados actúen sin mancharse ellos mismos, todavía amos, sus propias mano, al menos de forma visible e imputable.

Los pueblos de Europa, torpemente y con confusión mental, están despertando. En efecto, esa caída del caballo en el camino hacia Damasco empieza en el Sur del continente: aquí, en los países de habla románica apenas existe la rusofobia. Únicamente las élites financieras la estimulan artificialmente, con un lenguaje belicista que emana directamente de las cloacas consabidas (Vanguard, BlackRock, etc.). Quieren crear esa rusofobia y, en convergencia con los tiburones de la especulación, también los santones de cierta izquierda que un día se presentó como "anticapitalista" . En Francia, Italia y en otros lugares no del todo convertidos en sucursales de la Globalización, la gente se está movilizando en las calles, aunque ciertamente mezclada con la chusma alógena y nunca integrada, y los llamados colectivos antifascistas que, por enésima vez, obedecen disciplinadamente las consignas del Sistema con capuchas y embozados anti-Sistema. Junto a las protestas legítimas (inflación, falta de vivienda asequible, pedagogía-basura, falta de futuro para los jóvenes, gasóleo caro para agricultores, etc.) va emergiendo la protesta contra el envío de armas al dictador Zelensky y la airada negativa a convertirse en una posible carne de cañón para mayor gloria de ese Imperio Occidental al que Europa debe dejar de pertenecer, cueste lo que le cueste.

Nos va a ir mejor siendo pobres, considerablemente pobres, pero no endeudados. Nos va a ir mejor si de una vez por todas abandonamos este carro belicista, tirándonos en marcha si hace falta y dejándolo descabezado, precipitándose con sus élites pero no sus pueblos hacia el abismo. Hoy mismo he podido leer un terso y lúcido escrito en contra de la deriva autocrática y belicista de la Unión Europea [https://www.elsaltodiario.com/actualidad/union-europea-crisis-guerra-programa-estrategia?&utm_medium=social&utm_campaign=web&utm_source=telegram#]. Los puntos básicos del escrito, que aplaudo, se podrían concretar de esta manera:

1.   Más soberanía para los Estados-Nación.

2.  Vuelta a un modelo productivo autocentrado (no globalista, no neoliberal) y vuelta a la Justicia Social (un Estado Social).

Los puntos 1 y 2 implican redefinir enérgicamente la Unión Europea en términos formales, competenciales, iniciando un proceso "a cara de perro" que implica la obstrucción activa de las decisiones arrogantes de Bruselas y una gandhiana desobediencia civil de los pueblos de Europa a sus intromisiones.

3.  Iniciar un proceso de acercamiento y colaboración con la Federación Rusa.

Hacemos esto o seremos, más pronto o más tarde, carne de cañón. Literalmente, hacia el 2030, cuando se desate la Guerra, su Guerra, la Guerra Definitiva. Sin soberanía, sin control popular, sin Estado que nos defienda, sin horizonte, vamos a la tumba.

Ciudad Real, 25 de octubre de 2026.