Alberto Giovanni Biuso, Aldousblog 24/9/26
La obra de Marx no es cerrada, ni terminada, ni dogmática, sino que sigue siendo un trabajo en constante evolución. Sin embargo, gran parte del marxismo es cerrado y dogmático, especialmente aquel impregnado de la dimensión mesiánica y el sueño, que también están presentes en Marx, pero permanecen al margen de su núcleo político y teórico, que reside en gran medida en una teoría de la alienación colectiva y la valorización del capital, en el sentido preciso de que las acciones de las comunidades humanas en el modo de producción capitalista se reducen siempre a la creación de valor económico, que surge de la transformación del trabajo orgánico de los cuerpos en trabajo de máquina.
La maquinaria del capital no produce (ni ha producido jamás) meros objetos, herramientas y cosas. Produce símbolos, transformándolos inmediatamente en mercancías. El espectáculo contemporáneo es una expresión de esta alienación, que transforma cada evento colectivo —cualquiera que sea su naturaleza y estructura— en una imagen diseñada para neutralizar su significado, su tragedia y cualquier tensión potencial hacia la emancipación.
Hoy, en el siglo XXI, esta alienación encuentra su lugar privilegiado en lo que los medios de comunicación y la jerga política/parlamentaria definen como "la izquierda", es decir, uno de los instrumentos más poderosos con los que el capitalismo, victorioso en la lucha de clases, engaña a los vencidos haciéndoles creer que todavía hay algún tipo de lucha en curso.
Una izquierda "woke" que ha sustituido el deseo de revolución por la revolución del deseo (una fórmula de, entre otros, Alain de Benoist); una izquierda que presenta los deseos legítimos pero totalmente individuales relacionados con los gustos sexuales como si fueran derechos naturales; una izquierda que, tras la caída del Muro de Berlín, hizo de los Estados Unidos de América su faro, hasta el punto de convertirlo en su amo.
Esta herramienta cumple su función a la perfección mediante tres elementos principales.
La primera es una economía del desarraigo que acoge a masas de inmigrantes en Europa con el doble propósito de borrar los derechos de la clase trabajadora —o lo que queda de ella— en favor de un enorme ejército de reserva industrial y, por lo tanto, desarraigar a poblaciones enteras de su lugar de origen e identidad.
La segunda es una antropología voluntarista/moralista que sustituye el concepto de explotación por el de exclusión y el de justicia por la transformación de los deseos individuales y eróticos en derechos humanos, ocultando y borrando los derechos colectivos al trabajo, la salud y la seguridad económica.
La tercera es una sociología de la ignorancia que regala diplomas y títulos a cualquiera que los solicite matriculándose en un curso de estudios, para luego sacrificar a esos graduados en la resbaladiza pendiente de la explotación social.
Uno de los fundamentos de estas formas de alienación es la eliminación de una ontología realista y sustancial en favor de una ontología fluxica que transforma la densidad de los cuerpos y sus necesidades en imágenes, hologramas y fantasmas.
Marx reconoció la existencia de una naturaleza humana, maleable sí, pero siempre dentro de límites biológicos muy claros, que representa una garantía de la persona y de la estructura siempre compleja en la que nace y vive, en comparación con el desarraigo individualista típico del liberalismo político y del liberalismo económico.
Es precisamente la existencia y persistencia de una naturaleza humana dentro del conjunto material lo que garantiza que, tanto en el Marx más crítico como en Nietzsche, no haya finalismo y, por lo tanto, ninguna ilusión de "mejorar" la especie humana, sino la intención de transformar las estructuras de dominación para conducirlas hacia una emancipación general.
También por esta razón, la obra de Marx —a diferencia de los marxismos y, sobre todo, de lo que se entiende por la palabra "izquierda" en 2026— sigue siendo fructífera y lo será mientras exista la forma capitalista, de la cual Marx fue capaz de captar la sustancia, las sutilezas, la dinámica y la multiplicidad.
Revisión: Carlos X. Blanco
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La Relación entre el Marxismo y la Subcultura Woke
Francisco Aragón Salcido -23 diciembre, 2025- dossierpolítico
La subcultura "woke" —término originado en la comunidad afroamericana para denotar "ESTAR ALERTA o DESPIERTO " ante las injusticias sociales, especialmente el racismo— ha evolucionado en las últimas décadas hacia una ideología más amplia que enfatiza la conciencia sobre opresiones interseccionales basadas en raza, género, orientación sexual y otras identidades.
La subcultura woke tiene raíces innegables en el Marxismo Cultural de Gramsci y la Escuela de Fráncfort, heredando su marco de opresión y crítica ideológica. Sin embargo, diverge al sustituir la clase por identidades múltiples y al ser compatible (incluso funcional) con el capitalismo neoliberal.
Esta relación explica tanto su atractivo (conciencia de injusticias reales) como sus controversias (división social, censura, desvío de problemas económicos). Comprenderla ayuda a debatir sin reduccionismos: no es "marxismo puro", pero lleva su ADN adaptado a la era posmoderna.
Del Marxismo Clásico al "Marxismo Cultural"
El marxismo clásico de Karl Marx y Friedrich Engels se centra en la lucha de clases: el proletariado oprimido frente a la burguesía opresora, con el capitalismo como sistema de explotación material. El objetivo era una revolución proletaria para abolir la propiedad privada y establecer una sociedad sin clases.
Tras el fracaso de revoluciones proletarias en Occidente (como en Alemania post-Primera Guerra Mundial), pensadores como Antonio Gramsci enfatizaron la "hegemonía cultural": la clase dominante mantiene el poder no solo por la fuerza económica, sino controlando la cultura, educación y medios de comunicación. Para revolucionar la sociedad, era necesario conquistar primero estas "superestructuras" culturales.
En los años 1930, la Escuela de Fráncfort (Max Horkheimer, Theodor Adorno, Herbert Marcuse) desarrolló la "Teoría Crítica", fusionando marxismo con psicoanálisis freudiano y sociología. Criticaron el capitalismo no solo por explotación económica, sino por su dominación cultural a través de la "industria cultural" (medios masivos de comunicación que alienan o enajenan al individuo).
Esta corriente intelectual, conocida como "neo-marxismo" o "marxismo cultural", desplazó el foco de la economía pura hacia la cultura como campo de batalla. Tras emigrar a EE.UU. huyendo del nazismo, estas ideas influyeron en la New Left de los 1960-1970, combinándose con posmodernismo (Michel Foucault, Jacques Derrida) y políticas identitarias. Aquí surge la transición: la opresión ya no es solo de clase, sino múltiple (raza, género, edad, sexualidad).
Similitudes entre el Marxismo y lo Woke.
La principal conexión es estructural: Binario opresor/oprimido: El marxismo divide sociedad en burguesía (opresora) y proletariado (oprimido). Lo woke aplica esto a identidades: blancos vs. personas de color, hombres vs. mujeres, heterosexuales vs. LGBTQ+, cisgénero vs. trans. Conceptos como "supremacía blanca" o "patriarcado" "misoginia" "machismo" "matriarcado" funcionan como análogos al "capitalismo opresor".
Conciencia crítica: El marxismo habla de "falsa conciencia" (el oprimido internaliza ideología del opresor). Lo woke promueve "despertar" "estar alerta" (stay woke) para reconocer privilegios y estructuras opresivas invisibles.
Críticas desde el Marxismo
No todo marxista acepta esta conexión. Críticos de izquierda argumentan que lo woke es una desviación: Desvío de la lucha de clases: Los marxistas tradicionales critican que el foco en identidades culturales distrae de la explotación económica real.Lo woke beneficia al capitalismo al dividir a la clase trabajadora en tribus identitarias, ignorando que opresiones raciales/género persisten bajo el capitalismo.
Compatibilidad con el capitalismo:Corporaciones adoptan "woke capitalism" para marketing, sin desafiar estructuras económicas. Los Marxistas lo ven como cooptación: "capitalismo inclusivo" que neutraliza críticas radicales.
Individualismo vs. universalismo: El marxismo es universalista (lucha proletaria que trasciende identidades y nacionalismos). Lo woke es tribal, priorizando experiencias subjetivas sobre solidaridad de clase. Los clásicos marxistas enfatizan la base económica; lo woke prioriza discurso y cultura, acercándose más al posmodernismo. Algunos marxistas lo llaman "liberalismo identitario" o "progresismo o parlamentarismo burgués", no es un verdadero socialismo.
https://dossierpolitico.com/2025/12/23/la-relacion-entre-el-marxismo-y-la-subcultura-woke/