Programa El Cernidor 19.10.2026
Lunes y Jueves 19.30 hs. https://www.youtube.com/@elpulsometrotv
Horacio Lampariello, Héctor Amodio Pérez y Álvaro Alfonso
Amodio continúa con el estudio del libro de Lessa. El Ministerio del Interior le prohibió a los Diputados de la Unión Europea visitar a los presos de Domingo Arenas. El Sr. Juan Gabriel Reyes ex funcionario de la Administración Nacional del Puerto, nos cuenta la realidad de los sindicatos del puerto.
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Cernidor 326, correspondiente al día 22 de octubre de 2026
Comentando el libro A Cara de Perro de Alfonso Lessa. segunda parte
Palabras de Amodio :Antes de entrar en la crítica puntual del libro que lleva la firma de Alfonso Lessa y que contó con la colaboración -inestimable-, dice el mismo Lessa, de Luis Nieto, quiero hacer algunas consideraciones generales.
No niego, sería absurdo y además indigno de mi parte, negar el valor que Lucas Mansilla tuvo en el MLN, máxime si como he dicho en varias oportunidades, fue el miembro del Ejecutivo con el que he tenido mayores coincidencias.
Muchas de esas coincidencias se dieron porque ambos entendimos que la forma desigual con que los comandos de columna entendían la autonomía táctica para llevar adelante la línea del Ejecutivo, autonomía decidida en octubre de 1968 tras el planteo que realizamos Alfredo Rivero Cedrés, Alicia Rey y yo, llevaba de manera inexorable a un desarrollo desigual de las columnas, lo que a la postre era negativo para el MLN.
Eso nos llevó a mantener con Sendic varias discusiones. Efraín Martínez Platero es testigo de lo que digo. Es un tema que hemos hablado con Nieto, sobre todo porque me requirió información sobre esos hechos mientras se gestaba la creación de su novela La quince.
Personalmente, me llama la atención que Nieto permita que Lessa diga en la página 18 que, según varios testimonios, Mansilla era el único que contradecía de frente cuando le parecía necesario, a Raúl Sendic, que lo escuchaba y respetaba.
Fuimos varios los que lo hicimos, entre los que puedo citar a Manera, Marenales, Wassen, Picardo, el mismo Fernández Huidobro, que junto con Marenales estuvieron de acuerdo en aceptar la renuncia de Sendic al Ejecutivo en octubre de 1968, por no hablar de Cultelli y yo mismo.
A menos que se quiera decir que no lo hacíamos “de frente”, lo que no solo sería falso sino que se nos estaría acusando de deslealtad.
Otro tema que reiteradamente hemos hablado con Nieto fue la inveterada costumbre de Sendic, de aparentar estar de acuerdo cuando se le plantearan discrepancias y luego incumplir los acuerdos, para actuar según su criterio.
En la página 19, se dice que entre su propia decisión de no hablar y una historia oficial del MLN que ha dejado de lado protagonistas fundamentales y ha ignorado o readaptado hechos clave de su accionar, la figura de Lucas Mansilla quedó relegada. Y a algunos se nos acusó falsamente. ¡Dilo de una vez, Alfonso Lessa, aunque tus compañeros de la academia se enojen! Si se enojan haz como Haberkorn, que a un oyente que lo criticó le respondió con la foto del último premio que le dieron.
Lo que no dice Lessa es el papel que le cupo a él, a que lo que critica pudiera darse. Fue un divulgador de la historia oficial, avaló las falsas acusaciones sobre mí, le dio voz a quienes se conjuraron cuando mi regreso a Uruguay en el 2015, caso de Marcelo Estefanell y el propio Lessa en este mismo libro, que sin que venga a cuento, se refiere a las libras ocultadas por mí en la chacra de Pando e insiste con mis cartas a Queirolo, cuando ya le expliqué que la carta que le escribí fue para solicitarle las partidas de nacimiento a mi nombre y el de Alicia para nacionalizarnos en España (Luis V. Queirolo se desempeñó como 2do Comandante de la Región Militar No. 1 y fue jefe del Órgano Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA) durante 1972 y 1973 .posta)
En la página 21, se dice que la muerte de Gutiérrez Ruiz, Zelmar Michellini, Whitelaw y Rosario Barredo, fueron un golpe terrible del que nunca Mansilla terminó de reponerse. Yo creo que su pesar es entendible. Nunca controló los movimientos de ambos políticos ni el uso que ambos hicieron del dinero que el mismo Mansilla les autorizaba y que ambos recibían de manos de Whitelaw o de Domingo Rolando.
En la página 23, dice Lessa que Hay testimonios y documentos que dan cuenta de la importancia del Negro Mansilla: la exguerrillera y fotógrafa Ana Casamayou dijo a Clara Aldrighi en una afirmacíon recogida por Javier Suárez en su libro Los otros tupamaros: “Cuando salgo de Chile para Cuba, en marzo de 1973, el “Negro” Mansilla era un dios para todo el mundo. Yo nunca había oído hablar de nadie así, no mistificábamos tanto en Uruguay a los dirigentes. Lo vi poco a Mansilla cuando llegué, pero me llamó la atención, porque no era el lenguaje del MLN. Nunca había oído hablar de esa manera de alguien, ni siquiera de Sendic. Claro, era simpático, capaz, buen mozo. Estaban todas las mujeres con él [...] era como una especie de idolatría”.
Si ustedes van al libro Memorias de insurgencia, verán que Ana Casamayou, en la entrevista que le hace Clara Aldrighi, dice, en la página 287 Personalmente no conocí a nadie de la Dirección. Pero los idealizaba.
En la página 293, Aldrighi le pregunta a Casamayou al exiliarse en el Chile de Allende ¿cuáles fueron sus primeras impresiones?
Me fui para Chile el 29 de diciembre de 1972 y llegué el 2 de enero de 1973. Salí de Uruguay con quien sería más adelante el padre de mis gurises, “Pedro”, Bandera Lima. Nos volvimos pareja prácticamente en esos momentos. Cuando llegué a Santiago me pusieron en un apartamento con la gente de la dirección del MLN. Sentí que estábamos bastante aparte de la realidad chilena, primero ahí metida, y luego casi de inmediato en un campamento, donde estuve unos 15 o 20 días.
"En el apartamento de Santiago estaban los de la dirección del MLN, el “Negro Marcelo”, que era [Lucas] Mansilla, y toda esa gente. Vi una realidad totalmente distinta a la que venía viviendo en Uruguay. La imagen que tengo es la de botellas de vino metidas en las cisternas de los baños para mantenerlas frescas, porque el agua en Santiago es muy fría. Se las tomaban y charlaban. A mí eso me pudría. Fue una constante en el exilio"
O sea, conoció a Mansilla en Chile. Pero la versión de Casamayou es más extensa, y verán cómo su opinión es diferente a la que Lessa y Suárez nos plantean.
Está en la página 298, y dice así: "Cuando salgo de Chile para Cuba, en marzo de 1973, el “Negro” Mansilla era un dios para todo el inundo. Yo nunca había oído hablar de nadie así, no mistificábamos tanto en Uruguay a los dirigentes. Lo vi poco a Mansilla cuando llegué, pero me llamó la atención porque no era el lenguaje del MLN"
Nunca había oído hablar de esa manera de alguien. Claro, era simpático. Capaz, buen mozo. Estaban todas las mujeres con él, yo qué sé. Este “yo que sé” no aparece ni en Los otros Tupamaros ni en A cara de perro.
Pero además, dice Ana Casamayou, decían que había podido hacer toda esa tremenda organización de los compañeros en Chile. Parecía como que el éxodo lo lideraba él. Fue una cosa para mí muy extraña. Extraña porque en Uruguay no había oído hablar ni siquiera de Sendic de esa forma. No sólo la gente del campamento, sino los cercanos a la dirección: era como una especie de idolatría. En el primer local que llegué, donde había gente cercana a la dirección, noté mucha idealización. Después los mismos que lo idealizaban en ese momento, cuando se dio la división, se fueron para todos lados, algunos con él, otros enfrentados. Con Mansilla pasó lo mismo que con aquel dirigente que estaba de jefe máximo en Cuba en 1972 y 1973: primero lo levantan demasiado y después las mismas personas dicen que es lo peor. Con pocos meses de diferencia.
¿En qué cualidades basaban su ascendencia los dirigentes del exilio?, pregunta Aldrighi.
“El “Negro” Mansilla era una presencia, era atractivo. Te parecía que podía hablar bien con todo el mundo, tipo pastor. Eran distintos [Raúl] Bidegain de Mansilla. De este último se decía que tenía capacidad organizativa, que en ese momento era importante. Además, el poder: yo creo que Mansilla tenía poder y que el poder fascina. Era poderoso en ese momento. Se lo ponía allá arriba. Porque trataba con otros dirigentes latinoamericanos, con Allende: eso se difundía en la organización, todo el mundo quedaba encantado. Con Bidegain, antes, fue lo mismo.
"Me acuerdo que en aquel local de las botellas en la cisterna, Mansilla se veía con todos y era como la unión de todos: dirigentes, cuadros intermedios, militantes con mucha trayectoria pero que en ese momento estaban sin encuadre, etcétera. Era cálido, simpático, y tenía capacidad aparentemente de organizar. A un cañero lo recibía de cierta forma, a un estudiante de otra, sabía hablar bien y tratar con todos”
“Bidegain era distinto, era mucho más humanamente. Le vi cosas buenas, en México, en otros lados, cuando ya estaba desconectado del MLN”
Amodio: He hablado largamente con Javier Suárez, intentando hacerle ver que la redacción de su nota recogida por Lessa, lleva a una conclusión contraria a la que surge de le entrevista de Aldrighi, que Lessa la recoge porque también pensó como yo.
Me consta, porque él así me lo ha manifestado, que no hubo intención por su parte de alterar la opinión de Casamayou y alega, además, que la extensión de la entrevista le impidió tomarla en su totalidad. Defiende la forma en que ha redactado la nota publicada por Lessa, porque ha respetado la literalidad de las palabras, lo que a mi juicio es verdad, las palabras son las mismas, pero llevan a una conclusión equivocada.
Lessa y quienes le ayudaron en la redacción del libro, creyeron que Ana Casamayou, Bárbara en la columna 15, daba un testimonio favorable sobre el “Negro Jefe”.
Programa El Cernidor 26.10.2026
Continúa el análisis del libro de Lessa, sobre Mansilla. Comentarios sobre elección Brasil, cuestiones del BPS y las jubilaciones
https://www.youtube.com/live/B8cV3n8p1XY?si=B8sAUOw9lEgdibaq
Cernidor 327, correspondiente al día 26 de octubre de 2026
Comentando el libro A Cara de Perro de Alfonso Lessa. Tercera parte
Palabras de Amodio:En la página 30 de A cara de perro, se dice que En las familias de Wilson Ferreira y de Alberto Zumarán lo recuerdan -a Mansilla, con enorme admiración al que Lessa llama por su apodo, el Negro- con enorme afecto, según dijeron al autor por separado la hija del caudillo, Silvia Ferreira, su hijo Juan Raúl, y la viuda del exsenador, Angelita Aguerre, quien destacó además la estima que su marido, al igual que Wilson, tenía por el Negro, y también por Luis Alemañy, alias Prudencio, cuando trabajaron en el Senado. “Para mí fueron unos héroes”, dijo Silvia Ferreira. “Reflexionaron y por suerte los tuvimos cerca. La tragedia les sirvió para pensar”.
Efectivamente, a los “renunciantes”, esos otros tupamaros que iban a formar el partido marxista leninista para darle al MLN la fuerza doctrinaria que le había faltado hasta entonces, y que se dijo era la causa de la derrota, se les ha perdonado todo su accionar anterior, incluso se les aplaude su participación en robos, atracos e incluso asesinatos.
Se marca ahí una diferencia con otros, a los que se nos sigue recordando nuestro pasado, llegando incluso a negarnos los “reconocimientos”, entre comillas, que se les prodigan a los renunciantes.
“El Negro y Luis Alemañy eran grandes personas, y Alberto Zumaran los estimaba mucho. Fueron grandes colaboradores de él”, destacó Angelita Aguerre. Juan Raúl Ferreira, desde Roma, resaltó el liderazgo y el carisma del Negro, así como su trabajo con Wilson y con él mismo.
Como ejemplo de lo anterior, a Mansilla se lo homenajea por los asaltos al casino San Rafael y a la Marina, pero nada se dice de su responsabilidad en la muerte de Mitrione, y de Alemañy no se destaca, solo se menciona al pasar, que estuvo a punto de matar a la dotación de una camioneta de la Metropolitana y a todo ser viviente en un radio de 10 metros a la redonda, la tarde que lo detuvieron (Luis "Bazuka" Alemañy, extupamaro y posterior dirigente del Partido Nacional. Posta)
Lucas Mansilla, “Marcelo”, el “Negro”, tenía mucho por contar. Desde los tiempos de Sendic a su extrema cercanía con Wilson Ferreira. Desde los tiempos iniciales de los tupamaros, la llamada época “Robin Hood”, en la que distribuían el producto de sus robos en los cantegriles, hasta el de la violencia y la bomba. Desde el accionar en el exterior, a su rechazo por la lucha armada y la defensa cerrada de la democracia y la República. Y lo hace en este libro, dice Lessa en la página 30.
Efectivamente, Mansilla tenía mucho por contar, pero como dicen Perroni y Tagliaferro, no lo hace. Y quienes reivindican la etapa Robin Hood, olvidan que, para lograr el objetivo, repartir en los cantegriles los robos de comestibles, había que cometer delitos y emplear la violencia, lo que ocasionó muertes de ambos lados.
Hasta la página 47 se le da la palabra a varios ex tupamaros que reflejan su admiración por Lucas Mansilla, entre ellos a Gabriel Bidegain, al que conocí hace un par de años en Montevideo. Hablamos de su peripecia personal luego del cambiazo por su hermano Raúl. Le conté mi oposición al cambiazo, porque iba a comerse un garrón de varios años, mientras que Sendic argumentaba que solo estaría preso un par de meses. Una vez más, los hechos me dieron la razón.
En la página 47, Luis Nieto dice “Yo creo que al único tipo al que respetaba Sendic era a Mansilla. Era el único que le discutía a grito pelado”
Sin embargo, a renglón seguido, dice “Mansilla que discutían, pero en realidad nunca tuvieron grandes diferencias, la mayor de la cuales refería a temas de organización y el manejo del MLN en dos zonas del país: norte y sur”
Me extraña profundamente que Nieto, que formó parte del comando de la zona sur, no explique la gravedad de esas diferencias, causa del escaso desarrollo de las columnas de Interior, lo que fue causa de que una caída en un departamento arrastraba detrás suyo al resto del Interior.
En la página 48, dice Lessa que Lucas Mansilla no dudaba en llamar a las cosas por su nombre, aunque algunas puedan resultar impactantes o explosivas. Por ejemplo, sobre el objetivo de los tupamaros: “De ninguna manera era defender la democracia, sino hacer una revolución socialista al estilo cubano”. E incluso que nadie tenía muy claro el cómo: “después se vería”. O, tal cual se señaló antes, que el exsenador Enrique Erro era lisa y llanamente integrante del MLN y que incluso en su casa se guardaban armas. También dio refugio a dirigentes como José Mujica, en pleno 1972 cuando del MLN quedaba poco.
Ni impactante ni explosivas, a menos que no haya leído ni mis cartas del año 2013 ni Palabra de Amodio, del 2015. Yo traté esos temas con amplitud. Lo mismo sobre Erro. Hay una larga lista de militantes que reconocieron su colaboración con el MLN. ¿Qué diferenció a Erro de Gutiérrez Ruiz? La diferente labor que como dirigentes mostraron Aníbal de Lucía hacia Enrique Erro, comiendo un plato de tallarines en un boliche porteño y la de Mansilla, comiendo con sus aliados en el Tortoni, pagando la cuenta con el fruto de los secuestros que realizaba De Lucía.
En la página 51 se dice que, Sobre sus diferencias con Sendic, admite que sí, yo tenía discusiones con él”, pero aclara que tuvieron sólo una discrepancia de fondo. "Importante, una sola”.
-¿Cuál fue?, pregunta Lessa. -Yo estaba en el ejecutivo, me había llevado él, con Amodio (Pérez), el Ñato (Eleuterio Fernández Huidobro) Efraín Martínez Platero. Entonces el Ñato planteó dividir las columnas en tres sectores claramente diferenciados: militar, servicios, logística, digamos, y política. Entonces, Él Bebe dijo: “En el interior eso no es posible, porque una cosa y otra...” Y yo agarré y le dije: “Yo creo que es posible hacerlo”. Entonces, empezamos a discutir y la discusión quedó allí, sin resolución.
Pese a que se diga que Mansilla tenía una memoria privilegiada, en realidad se equivoca: el Ñato y Martínez Platero nunca estuvieron juntos en el Ejecutivo: Martínez Platero integra el Ejecutivo después de Pando, cuando Huidobro es detenido. La separación en sectores de las columnas es una resolución del año 1968, cuando Mansilla no estaba en el Ejecutivo, que entonces estaba formado por Sendic, el Ñato y yo.
La división en sectores fue porque se pretendía que cada columna fuera un MLN en tamaño reducido, que los golpes a una columna no afectaran al total.
Se dice que El acuerdo llegó en el momento menos pensado, cuando la acción de Pando, se dice en la página 51.
“Yo prefiero volver al comando. Yo no estoy de acuerdo con este asunto. Yo estoy más bien de acuerdo con…" Es una lástima que Mansilla no termine la frase, porque según me dijera Mansilla entonces, él estaba por organizar la columna del Interior con los criterios de la columna 15, los que siempre han defendido tanto Mansilla como Luis Nieto. Nieto le ha dedicado a los famosos criterios de la 15 muchas páginas de uno de sus libros. Incluso Lessa lo reconoce más adelante, en A cara de perro.
La solución vino, dice Mansilla en la página 52, porque Sendic le propuso dividir el Interior en dos columnas, Norte y Sur. Yo me quedo con la Columna Norte y vos te quedás con la Columna Sur. Vos organizás la Columna Sur como vos querés y yo organizo la Columna Norte como yo quiera”. Esa fue la única discrepancia importante que yo tuve con Sendic”.
Y, según afirma, esa fórmula funcionó a la perfección. No fue ni diferencia -remarca-, un problema de matices nada más. Pero era referido a la organización. Una cosa mejor. De cómo organizarlo.
Lessa no tiene por qué conocer la importancia de lo organizativo, pero sí tiene que saberlo Nieto, porque precisamente los criterios diferentes con que se organizó el Interior están en la raíz del descalabro en cuanto la tortura mostró que era eficaz. Una cosa sin importancia, dice Mansilla, y Nieto no lo corrige.
En la página 53, Mansilla toma parte de la historia oficial, la que pretende invalidarme por mi escasa, se dice, capacidad política, entendiendo como tal capacidad, la posibilidad de analizar las distintas coyunturas. Los hechos hablan por sí solos, así que no voy a extenderme sobre esto.
En la página 54, Lessa pregunta -¿Qué peso tuvieron históricamente, más allá del empuje inicial de Sendic, los cañeros?
Dice Mansilla: “Ellos eran la columna vertebral. Hubo varios cañeros que se integraron en el MLN. Tenían peso en la organización. Integraban las columnas. En la Columna del Interior estaba Ataliva Castillo conmigo y con el Flaco Zabalza. Muchos de ellos se transformaron en cuadros militantes del MLN”
-Pero numéricamente, ¿eran importantes?, pregunta Lessa. "-No., dice Mansilla, sin explicar cómo pudieron ser, entonces, la columna vertebral. Claro, dice Mansilla, el MLN era una selección de cuadros. Los más importantes eran Seu Pedro, Ataliva Castillo, Cholo González, Juancito Bentín... Y había algunos otros"
Yo recuerdo a otro, Nicolás Estévez, más conocido como Colacho, quien fuera el mayor crítico de Sendic y el responsable de que UTAA se negara a ser el brazo legal del MLN previamente a las elecciones de 1971, cuando a iniciativa del mismo Sendic el MLN apoyó la formación del FA. La negativa de UTAA fue la causa de la formación del 26 de Marzo. Como pueden ver, este es un libro sobre historia, pero en el que la historia permanece ausente.
Referido a Pando, dice Lessa en la página 59, “El Negro estuvo allí en primera fila y luego protagonizó una huida asombrosa. Durante el copamiento de la ciudad, los guerrilleros tomaron varios lugares, incluyendo el Banco República, y él mismo dio una arenga y luego participó del desordenado y por momentos caótico escape"
“Un error en la preparación del golpe fue determinante” para complicar ese escape y facilitar la llegada de las fuerzas de seguridad, incluyendo un avión. “Cometimos un error porque una de las salidas que había que controlar se nos pasó por alto. Entonces, un chofer de (la empresa de ómnibus) Copsa le avisó a la (Policía) Caminera. Si en el relevamiento previo hubiéramos realmente aislado la ciudad, no pasaba nada. La retirada hubiera sido sin problema”.
La policía caminera unas veces estaba y otras no. Cuando estaba, estacionaba frente al Instituto Rubino. Lo que se decidió fue tener un grupo de tres compañeros que actuarían para reducirlos si era necesario. Cuando Marx Menéndez y yo pasamos por el Rubino, no estaba nadie. Ni la caminera ni los compañeros.
Pero sí que hubo problemas. “Y al salir nos dimos cuenta de que venían la Fuerza Aérea y la Policía. Y salimos. Entonces, había una línea de compañeros en la cual iban Fernández Huidobro, y Cultelli y Salerno, que murieron.
Y yo iba atrás. Entonces le digo a dos compañeros: 'No vamos a seguir la línea porque nos van a agarrar a todos de frente. Vamos a cruzar campo, vamos a buscar una granja”. Allí intervino una mezcla de decisión, azar y ayuda inesperada. "Efectivamente, llegamos a una granja. Había un pozo grande ahí. Yo estaba vestido de traje, me arrimo con el revólver. Un revólver así tenía -mientras destaca su tamaño-, un treinta y ocho. Y entonces, sale la señora y me dice: “¿Qué va a hacer?'. Le digo: 'Me voy a tirar al pozo, porque me va a agarrar la Policía”. "No, tire el arma y venga para acá”. Entonces, yo tiré el arma y fui para adentro. Y me vistió con la ropa del marido. Y metió en la cama a los demás, a Ruben García Bianchimano y a la Negrita Nybia Gonzalez Fernández. Y a mí me sacó para el patio como si fuera el marido. Entonces, vinieron.
Cuando llegaron los militares, yo estaba como trabajando. Allí me hicieron levantar las manos y me dicen: '¿Y dónde están los tupamaros?”. Y les digo: “Se fueron, se fueron para allá. Y ella también les dice: “Para allá, para allá se fueron”.
Entonces, se fueron y me llevó a mí al galpón de la granja y me tuvo hasta las nueve de la noche. Desde las tres de la tarde a las nueve de la noche nos tuvo ahí hasta que volvió el marido. Ahí nos sacaron y nos llevaron a el ómnibus Copsa y volvimos a Montevideo”.
Le pregunto, asombrado: ¿Después de todo aquel operativo se volvieron en ómnibus? ¿Los tres? Y me responde, como si fuera algo obvio y normal: sí, en ómnibus”. -Y cuando se hizo pasar por el granjero, ¿dónde estaban los otros? -Durmiendo en la cama. Como si fueran los hijos.
Claro, era gente joven, lo que facilitó el engaño, aunque también puede pensarse acerca de una actitud bastante poco profesional de los efectivos de seguridad. Eran tiempos en los que el Ejército todavía no había ingresado de lleno en la lucha antiguerrillera y el Uruguay claramente no estaba preparado para todo aquello.
Esta historia que aparece en las páginas 60 y 61, es la primera vez que tengo noticias, pese a haber hablado con Mansilla docenas de veces sobre lo ocurrido. Ya veremos cuáles fueron los verdaderos problemas.
Pero en octubre de 1969, Mansilla tenía 25 años y pongamos que Ruben García tuviera 18 años y Nybia , La Negrita, los tuviera también. ¿Nadie percibió que la diferencia de edad no podía ser la de un padre con sus hijos? ¿Quiénes se tragaron el verso eran tontos o poco formados, como dice Lessa? ¿Ustedes creen que si el relato hubiera sido real no se habría incluido en Actas Tupamaras, al menos diciendo que un grupo recibió ayuda de los vecinos? Por otro lado, quien lanzó al aire los panfletos sobre el Che Guevara fue el Bocha Solsona, que estaba en el República cuidando al personal y no se percató de la orden de retirada y hubo que volver a buscarlo.
El operativo de Pando tuvo en su momento una enorme repercusión a todo nivel. Y también generó cierta conmoción al interior del MLN, donde hubo evaluaciones dispares y algunos reproches. (ya hablaremos sobre eso: Amodio)
Sendic, que según varios testimonios rechazaba el uso de la bomba y de los atentados de carácter terrorista, realizó sin embargo una evaluación altamente positiva del copamiento. Incluso más allá de los cinco muertos.
El Negro Mansilla dice que esa acción ha sido históricamente reivindicada por el MLN porque “tuvo mucha repercusión política” aunque “generó un debate muy grande”, en particular por la postura de (Andrés) Cultelli, cuyo hijo murió en Pando.
-Sendic -cuenta Lucas Mansilla- se reunió con la dirección. Sendic llevó la palabra cantante, tomó la palabra y dijo: “Esto fue, a pesar de los muertos, un éxito político”. Tenía una gran repercusión, todos los diarios hablaban. Entonces, Cultelli envió una carta al ejecutivo pidiendo una autocrítica.
Sendic sostenía que había sido un éxito político a pesar de las muertes, y de los presos; y Cultelli, que había sido una cosa grave lo que había pasado”.
Todos en ese momento, estuvimos de acuerdo con Sendic, porque la prensa entonces dio varios detalles del accionar policial en el trato a los que estaban detenidos, lo que motivó la campaña del MLN contra los agentes de la Metropolitana.
Dice Lessa: “Los duros cuestionamientos de Cultelli y sus reclamos de autocrítica determinaron que se realizara una reunión entre este, Sendic y Mansilla. “Entonces -cuenta Mansilla- yo fui a hablar con el comando de la Columna 1 en la que estaba Cultelli y me pidió una reunión con Sendic. Hicimos la reunión en un local cerca del aeropuerto, desde las nueve de la noche a las siete de la mañana, discutiendo. Sobre todo ellos dos, y yo allí. Obviamente, no hubo acuerdo”
Cultelli elaboró un informe crítico sobre Pando en el que comete una serie de inexactitudes muy fáciles de rebatir y que aparecen publicadas en el tomo I DE LOS MILITARES AL PUEBLO ORIENTAL, páginas 588 y siguientes.
Esta desavenencia de fondo, dice Lessa, potenciada por la pérdida de su hijo, añadió un elemento fundamental en las posturas cada vez más radicales y enfrentadas a miembros de la dirección de Andrés Cultelli.
AMODIO: Hay que hablar con conocimiento de causa: El problema de fondo con Cultelli fue su dogmatismo marxista leninista y su enfrentamiento con Sendic por razones ideológicas Sendic no era leninista y tampoco se reivindicaba marxista Por eso Mansilla, cuando decidieron abandonar la lucha armada, dice que lo hacen con la intención de formar el partido Marxista Leninista, para congraciarse con Cultelli.
Luego de la entrevista relatada por Mansilla, quien pasó a hacerse cargo de la columna 1 fui yo, ( Amodio) y será cuando surgió el tema de la Microfracción, los errores de Huidobro en las columnas 5 y 25 y la negativa de sus comandos de entregar al Ejecutivo al secuestrado Pellegrini Giampietro.
Pero esta es otra historia lo dejamos para el próximo jueves