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BRASIL : algunas conclusiones poselectorales

Algunas conclusiones sobre las implicancias del triunfo lulista

 

Ernesto Buenaventura Convergencia Socialista 27/10/26 (extractos)

El triunfo de Lula da Silva en la segunda vuelta es un hecho que afecta mucho más que a la sociedad brasileña. En el contexto actual de crisis y en medio de las crecientes tensiones entre potencias, no existen cambios o continuidades políticas que se limiten a los marcos de un Estado nacional, mucho menos si se trata de un país con el peso regional de Brasil.

La otra cara de la moneda, la derrota de Flavio Bolsonaro tampoco es un fenómeno que se circunscriba a los límites políticos de Brasil. Es una derrota para Javier Milei, quien participó de manera activa en la campaña electoral de este candidato, al que afectó de forma negativa, tanto, que Lula lo utilizó en buena parte de su campaña por la reelección.

Posiblemente la principal derrota sea la de Donald Trump, debido al peso que ganó China, durante estos últimos años, en el mercado brasilero. Además, la reelección de Lula ofrece mayor margen a las relaciones de comercio e inversión con China, así como a iniciativas multilaterales con Europa, como el ya en vigor, pero aún problemático acuerdo UE-Mercosur, coinciden expertos.

Para China, un socio comercial clave de Brasil y buena parte de Latinoamérica, "es una victoria", opina Soliz de Stange, especialista en relaciones internacionales. Según ella, pese a la presión estadounidense por limitar la presencia regional del gigante asiático, la más importante economía latinoamericana se mantendrá también "pragmática" en este sentido. (Deutsche Welle, 26 de octubre)

Aunque el presidente reelecto no expresa, para nada, una postura de izquierda, la derrota de Bolsonaro echa por tierra el relato de la derechización continental, el “gran peligro”, debido al cual todo el progresismo y buena parte de la izquierda se puso de lado del candidato del PT para frenar un supuesto avance del “fascismo”, que tampoco es tal.

Esto no implica que no tienda a desarrollarse un polo ultra reaccionario, que es, en definitiva, el producto de una realidad internacional, dentro de la cual, las dos potencias principales están tocando los tambores de la guerra. En semejante contexto la polarización política es inevitable, como también es inevitable la influencia de procesos de lucha como el que protagoniza la juventud en Europa.

Esa tendencia, puede tener una expresión mucho más radical en las próximas elecciones en Argentina, donde Milei atraviesa su peor momento. Aquí, todo empuja en esa dirección, ya que la bronca crece al calor de las penurias que sufre la mayoría del pueblo por la motosierra libertaria. A esto hay que sumarle el aislamiento internacional creciente, agravado por el resultado del ballotage en Brasil y la falta de ayuda de los grandes capitales.

El peronismo está tratando de capitalizar la victoria de Lula, tarea que no le resultará fácil, ya que las bandas que lo integran, que no terminan de encolumnarse detrás de un candidato único, se están matando entre sí en una interna, tanto o más feroz que la que sucede en el oficialismo. Además, el PJ ya no cuenta con la simpatía de la mayoría de la población, que no lo ve como una opción política, sino como parte del problema

 

EL Triunfo del Engaño

Lula hizo todo lo posible para asegurarse un cuarto mandato

 

Augusto Nunes Revista Oeste 26/10/26

Por primera vez desde la Proclamación de la República, el abogado de un presidente candidato a la reelección —y a quien este le otorgó un puesto en la Corte Suprema Federal— decidió, de manera unipersonal, posponer por dos horas el cierre de una votación nacional. Peor aún: la decisión de Cristiano Zanin se anunció a las 17:01, un minuto después de la hora establecida. Por primera vez desde que Brasil adoptó el sistema de elecciones en dos vueltas, un candidato derrotado en la primera (por una diferencia de 2 millones de votos) ganó la segunda (con una ventaja de casi 5 millones). Curiosamente, también por primera vez, la tasa de abstención registró una caída de 3 millones de votantes entre la primera y la segunda vuelta. Por primera vez en el mundo, un político logró, en el corto plazo de tres semanas, sumar 10 millones más de personas a su rebaño de votantes. Por primera vez, ningún instituto de encuestas electorales registró ningún indicio de este giro de proporciones amazónicas. Dos días antes de cumplir 81 años, Luiz Inácio Lula da Silva logró, gracias a la suma de estas sorpresas, cuatro años más al frente del gobierno brasileño.

Según el recuento oficial, Lula obtuvo, este 25 de octubre, más de 64 millones de votos. En la primera vuelta, se quedó por debajo de los 54 millones. El senador Flávio Bolsonaro, candidato de la oposición, no logró alcanzar los 60 millones. El 4 de octubre, superó la marca de los 56 millones. «Hacemos lo que sea para ganar las elecciones», confesó Dilma Rousseff al vencer a Aécio Neves en 2014. Para conseguir su cuarto mandato, Lula se inspiró en esa lección que le enseñó a su discípula. Transformó definitivamente el Bolsa Familia en una fábrica de dependientes desinformados, convirtió el conjunto de «programas sociales» en el mayor sistema de compra de votos del planeta y gastó miles de millones de reales inexistentes en medidas populistas. A lo largo de la campaña, sobre todo en los dos debates televisivos, mintió más que nunca.

Además de la omisión de los plurales y de la “r” final de los infinitivos, los discursos de Lula en su última campaña se vieron interrumpidos por extraños cortocircuitos. En Band, por ejemplo, afirmó que en los próximos cuatro años acabaría con Brasil. En Globo, tras una pausa, recitó lo siguiente: «Impuesto, impuesto, impuesto, si alguien te habla todos los días de impuesto, impuesto, impuesto… porque para ellos… lo que les importa es mejorar la vida del pueblo».

En el mismo debate, se mostró receloso del enemigo: «No sé si mi adversario habla en voz baja para que yo no lo escuche». A continuación, prometió combatir a las organizaciones narcoterroristas con la extinción de la policía y, más de una vez, recomendó a Flávio Bolsonaro, a la audiencia y a los espectadores que buscaran «en Google», en caso de que no entendieran algo. Quienes buscaron en Google descubrieron que Lula mintió al revelar cómo logró conocer Brasil: recorrió 91 mil kilómetros en autobús, barco y tren. Tal hazaña es imposible. La distancia equivale a más de dos vueltas completas alrededor del planeta.

Lula amplió su séquito de activistas electorales al incluir a la prensa estatal, a los institutos de investigación reducidos a pequeñas tiendas de porcentajes, a la maquinaria federal y a los devotos de la secta, por no hablar del resto. El exabogado Cristiano Zanin, a quien Lula le otorgó un puesto en la Corte Suprema de Justicia (STF), fue el ministro que decidió posponer el cierre de las urnas hasta las siete de la noche. Zanin pasó meses afirmando que su cliente más ilustre no era corrupto ni lavador de dinero, cargos que le valieron a Lula una condena de nueve años de prisión por parte del juez Sérgio Moro, ahora gobernador electo de Paraná.

El Tribunal Regional Federal (TRF) de la 4.ª Región aumentó la pena a 12 años. El Tribunal Superior de Justicia ratificó la decisión. Zanin solo miente menos que Lula, quien siempre ha sido, en esencia, un asesino de la verdad. Mintiendo, dejó su trabajo de tornero mecánico para convertirse en primer secretario del Sindicato de Metalúrgicos de São Bernardo do Campo y Diadema. Cuando lo buscó Marisa Letícia, también viuda, que quería resolver el caso de su esposo fallecido, Lula archivó los documentos hasta que logró seducirla. Asumió el mando de la organización amparándose en otra falacia: aquel hombre de Pernambuco, fornido y barbudo, nunca abandonaba a sus compañeros de lucha. Todos quedaron olvidados en algún punto del camino recorrido por el obrero que se convirtió en político profesional tras la fundación del Partido de los Trabajadores en febrero de 1980.

Candidato a gobernador de São Paulo en 1982, perdió frente a Franco Montoro, Reinaldo de Barros y Jânio Quadros. Pero obtuvo más de un millón de votos y, sobre todo, aprendió a cautivar a las audiencias. Ante los huérfanos de los grupitos que intentaron derrocar a tiros a la dictadura militar y sustituirla por la dictadura del proletariado, o ante estudiantes que, sin haber leído ni una sola coma de *El Capital*, se enamoraban del líder obrero con aire de marxista, Lula repetía el eslogan de la campaña: «Vota por el 3, porque el resto es burgués». Si había muchos burgueses entre los espectadores, suavizaba el discurso: «No soy ni de izquierda ni de derecha. Soy tornero mecánico».

Hasta que se convirtió en presidente del sindicato, Lula juraba querer mantenerse alejado de los partidos y las ideologías. «Detesto la política y a quienes les gusta la política», repetía. En julio de 1979, en una entrevista con la revista Playboy, cambió de opinión. Reveló que entre las celebridades que admiraba se encontraban el dictador cubano Fidel Castro, Tiradentes, Gandhi, el Che Guevara, Mao Zedong y Adolf Hitler. Ante la expresión de desconcierto del periodista, trató de explicarse: «No apoyo todas las ideas de Hitler, pero él tenía algo que admiro en un hombre. El ímpetu de proponerse hacer algo e intentar hacerlo». En 1989, se pasó al bando de la izquierda: «Soy de los que creen que el socialismo es el mejor sistema político», informó el candidato a la Presidencia de la República por el PT

Con la disolución del coloso comunista y el fin de la Guerra Fría, comenzó a referirse a sí mismo como si el apellido fuera una entidad en sí misma. «Solo Lula puede arreglar las cosas en Brasil», por ejemplo. Para quienes ven las cosas tal como son, quedó claro que Lula siempre había sido y siempre sería simplemente un lulista. El más fanático y apasionado de los lulistas. Así fue como lo que podría haber sido un partido se convirtió en una secta, cuyos devotos ven en el líder a su único dios. Lula transformó su altar en una tribuna ambulante. Derrotado por Fernando Collor en su primer intento de instalarse en el Palacio del Planalto, también perdió ante Fernando Henrique Cardoso en las contiendas de 1994 y 1998. Hizo realidad su sueño en este siglo al vencer a José Serra en las elecciones de 2002. Reelegido en 2006, tendría que esperar 12 años para regresar al cargo que había dejado a finales de 2010.

A partir de enero, Lula tendrá que lidiar con su propio legado. Siempre ha atribuido a terceros los problemas que él mismo crea o agrava. Fernando Henrique Cardoso, quien ya lo derrotó dos veces en la primera vuelta, le entregó en enero de 2003 un país con una moneda estable, modernizado gracias a las privatizaciones de empresas estatales deficitarias y en pleno desarrollo. El día de la toma de posesión, Lula se despidió de su antecesor, quien le había entregado la banda presidencial, con una mentira cariñosa: «Aquí siempre tendrás un amigo». Tres meses después, de paso por París en compañía de Lula, el ministro Antônio Palocci llamó por teléfono a FHC, quien también se encontraba en la capital de Francia. «En nombre del presidente, quiero agradecerle por el país que recibimos», escuchó el expresidente. Aún en 2003, Lula culpó a Fernando Henrique de todos los problemas pasados, presentes y futuros de Brasil: «Me dejó una herencia maldita».

Maldita sea la herencia con la que tendrá que lidiar el presidente reelegido —y que, por primera vez, se enfrentará a una oposición vigorosa, fortalecida por la conquista de 16 gobiernos estatales y con mayoría tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado. La noche de este domingo, tan pronto como terminó el recuento, Flávio Bolsonaro advirtió que no reconoce el resultado oficial y pedirá la anulación de la contienda, manchada por la interferencia de otro poder. Si es que eso sirve de consuelo, Flávio se libró de la misión de encontrar soluciones para un Brasil sumergido en el pozo de arena movediza excavado por la combinación de la crisis económica, la incompetencia administrativa, la corrupción endémica y una Corte Suprema Federal en avanzado estado de descomposición.

 

RAZONABLES SOSPECHAS DE FRAUDE

Marcelo Marchese en Facebook 27/10/26

Era obvio que quien perdiera acusaría de fraude al otro, sólo que es más sencillo hacer fraude cuando se tiene el control del aparato estatal.

Pruebas contundentes no tengo, pero sí una serie de consideraciones que refieren a una situación extraordinariamente anómala.

En las elecciones de 2022 entre la primera vuelta y la segunda disminuyeron las abstenciones exactamente en 570.424. En ésta disminuyeron en 2.960.239. Es una diferencia notable.

En la segunda vuelta Bolsonaro sumó 3,72 millones pero el oficialista Lula sumó 10,38 millones. No existe, que yo sepa, un caso similar en la historia de los balotajes en el continente.

En los últimos años, de las 46 elecciones que llegaron a segunda vuelta, sólo en 12 ganó quien había salido segundo en la primera vuelta.

El dato más extraordinario es que de los partidos que quedaron excluidos de la segunda vuelta, la derecha había reunido en la primera vuelta un 4,7% y la izquierda un 0,2%, habiendo aparte un partido de centro cuyo líder, Augusto Cury, llamó a votar por Bolsonaro. Este partido había sumado un 2,89% en primera vuelta. Esto significa que Lula captó un extraordinario porcentaje de votos de la derecha, que casi sumaba un 8%, y además, captó un porcentaje extraordinario de los abstencionistas, amén de que los abstencionistas se arrepintieron de forma extraordinaria.

En suma. Puede haber un evento extraordinario y en una rareza cósmica, dos eventos extraordinarios, pero resultaría fuera de todo registro histórico que todos los eventos sean extraordinarios.

¿Qué implica esto? Que el País entero sospecha que hubo fraude, y si hubo fraude, no pierde Bolsonaro sino la credibilidad del sistema. Eso lleva a que en las próximas elecciones en Brasil, y donde sea, crecerá el abstencionismo pues la gente no confía en ninguno de los sátrapas que se ofrecen a administrar la miseria del pueblo y las ganancias del capital financiero.

Las razonables sospechas de fraude, en el terreno de la mera lógica, llevan a concluir que ganó, por fraude, el capital financiero, y si hubiera ganado el otro, también hubiera ganado el capital financiero. El asunto es que en estas circunstancias históricas, el capital financiero prefirió que ganara Lula, y las encuestadoras participaron del fraude haciendo creer que Lula iba creciendo semana a semana. Las encuestadoras son un mecanismo crucial del fraude pues preparan a la gente para que acepten el evento extraordinario al grado máximo de extra ordinaries. En suma, asistimos a un evento EXTRA ORDINARIO. Estos seres manejan nuestros destinos, pues eso es lo que nosotros dejamos que hagan.

 

¿BRASIL SIN RUMBO?

AÚN NO HEMOS VISTO NADA...

 

Por JAVIER BONILLA en Facebook 26/10/26

Podrán Uds. tener todo el rechazo por Bolsonaro Zema o Caiado que Uds. quieran, ahora... pretender que el sistema electoral brasileño es limpio...! Por favorrrr! Que fuman..?

Quien lo fiscaliza?

Las izquierdas se han negado a aumentar garantías . Incluso, y reiteradamente, a la simple solución paraguaya de entregar al votante el código de barras de su sufragio emitido! Injustificable! Insostenible ! Punto!

En Venezuela, como Estados Unidos obligó - con muy buen criterio- justamente a esa solución, se pudo saber que había habido fraude en horas! En Brasil no!

Y, con referencia a lo sucedido ayer, tampoco puede abrirse la urna y luego seguir votando, porqué o se pierden los protocolos de seguridad o simplemente no se reabre! Además, si los problemas de transporte- premeditados con el sindicato lulista bahiano, que retoca los buses con propaganda prohibida para ser sancionados -  abarcaban sólo a 3 ciudades , porqué prolongar el horario de votación  en todo Brasil y a la hora de cierre? Por un vídeo manipulado, de artistas como los subsidiados Gilberto Gil, Caetano, o Camila Pitanga, reiterada y millonariamente beneficiados por el régimen?

Y además, quisieron acusar al estado de San Pablo de similar problema de movilidad ( aludiendo a los 950 ómnibus expropiados por el gobernador Tarsicio de Freitas por pertenecer al PCC),hasta que el propio jerarca mostró las planillas de circulación ...de día hábil! Tuvo que venir un juez más que dudoso y advenedizo como Zanin, del Supremo, ex abogado de Lula, de forma inédita ,a pisotear al Tribunal Electoral, además?

Claro... no podía ser en esta ocasión, el impresentable juececillo De Moraes, comprometido hasta el cuello, entre otros , en el escándalo Banco Master y en muy severas acusaciones de violaciones a los derechos humanos...

Todo esto, por no mencionar el carísimo carnaval electorero - demagogia, al filo de una tiranía , en sentido griego...- de aumentos de beneficios Bolsa Familia, de salarios, extinción del sábado inglés, de perdón de deudas a microempresas y mil dólares de regalo a cada titular, de transporte gratis los fines de semana, etc.

Por no mencionar la vergonzosa amenaza explícita y pública de Lula al Segundo Colegio Electoral de Brasil( Minas Gerais) ,de que si volviese a perder en ese Estado, cortaría numerosas obras públicas en curso...

Por no mencionar que grupos narcos visitaron favelas y barrios en varios estados ,dónde Lula había votado mal ,avisando que de repetirse habría represalias...

Por no mencionar los vídeos de famosas actrices y actores de izquierda ( Marieta Severo y Zezé Mota, entre otras figuras) enviados a los mayores de 70 para que fuesen a votar, al tiempo que Papá Noel Lula les concedía que ir a votar les evitase el trámite de prueba de vida para cobrar la pasividad...

Por no mencionar que un comunista histórico, ex legislador y ex ministro, cómo Roberto Freire, hasta hoy simpatizante del eurocomunismo, ayer denunció fraude.

Por no mencionar que 5 días antes de la elección, dos grandes referentes de la izquierda y ex ministros de Lula y Dilma, cómo el profesor de Harvard Mangabeira Unger y el ex maoísta Aldo Rebelo ( asqueado de las ONGs que exigen la miseria de la Amazonia) le dieron su apoyo a Bolsonaro.

Por no mencionar las manipulaciones espirituales, desde la mentira sobre Bolsonaro de  derogar la condición de Brasil ahijado de Nuestra Señora de Aparecida, hasta los cientos de marchas y manifestaciones de cultos afrodescendientes, a cual más tosca y prefabricada, exigiendo votar a Lula...

O un minúsculo grupo de" judíos con Lula"...

Por no mencionar la proximidad extrema de Lula y su comparsa con el ignominioso Irán, Hezbollah, Hamás y todo el jodido mundo islámico...o con Rusia, o con China( que en los últimos 18 meses ha comprado medio Brasil)

Por no mencionar que en el primer turno electoral la gran derrotada fue la izquierda moderada ,PSDB, PDT( ver las críticas a manipulación electoral contra el mismo, de Ciro Gómez, que por cierto, no es de derecha) y hasta a las históricas del PSB, por los actuales PT, PSOL y PC do B, a cual más cuestionable y fraudulenta...

Por no mencionar el clientelismo extendido en el atrasado norte y nordeste brasileño que en muchos estados, supera en dádivas otorgadas, a la masa laboral y estudiantil de muchos estados...

No hay nada que festejar ( a no ser, Paraguay ,por todas las empresas que va a recibir).

Y aún no hemos visto nada...